Las elecciones en curso, que culminarán en la jornada electoral del primer domingo de junio están en riesgo.

Tras la barbarie ocurrida en Iguala la noche del 26 de septiembre, diversos colectivos y sujetos en todo el país han lanzado un llamado a no votar por considerar que todo el sistema político está corrompido, por lo cual no tiene sentido acudir a las urnas. Esta postura está representada por el poeta Javier Sicilia quien, ya desengañado de la utilidad de confiar en la clase política, ha declarado que votar es sentarse a la mesa con corruptos y tramposos .

La respuesta que se le ha dado desde la clase política es para llorar: el llamado a no votar es visto como allanar el camino para que el PRI siga en el poder ya que, según estos defensores del voto y de sus partidos, no votar le conviene al tricolor. Como si votar contra el PRI fuera la salida para los críticos del sistema político.

Hay otras corrientes políticas que desde hace tiempo que mantienen una postura de no votar; presente en corrientes del magisterio disidente y al calor de las movilizaciones de solidaridad con los familiares de los normalistas de Ayotzinapa, han reiterado su llamado a no acudir a las urnas e incluso han impedido que avancen los preparativos de la organización electoral, como en Guerrero.

Pero el peligro más grande para el proceso electoral de este año, para renovar la Cámara de Diputados y elecciones locales en otros 17 estados de la república, no provienen de las dos anteriores posturas.

El verdadero riesgo para los comicios viene del sólido y profundo abstencionismo que se ha ido consolidando en el país desde hace varios años. En contra de la lectura simplista y despectiva que ve en el abstencionismo una actitud de desinterés y flojera, la postura de rechazo a todos los partidos y a la participación electoral es desde hace años una postura política consciente y de crítica frontal al sistema político. Como dijeron los zapatistas en el pasado Festival de las Resistencias Contra el Capitalismo, que respetaban a quienes llamaban a no votar, pero para los pueblos originarios que conformaban el Congreso Nacional Indígena (CNI) y quienes son adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, esta es una discusión superada desde hace años.

Hace años que se sabe que el sistema político que restringe la democracia al mero acto de votar cada tres años, no es en realidad democrático, y sabe también desde hace años que todos los partidos, con independencia del color y la ideología, buscan el poder del Estado para quedarse con su tajada de beneficios y no cambiar las cosas de raíz (ahí está el PRD para quien lo dude). Este abstencionismo consciente y crítico ha crecido exponencialmente en estas movilizaciones por Ayotzinapa. El verdadero riesgo para las elecciones viene de este sujeto político que, aunque no se manifieste abiertamente, mandará un poderoso mensaje de rechazo a todo el sistema político. Antes y después de las elecciones.

@rmartinmar