Estamos a unos días de las elecciones en EU. En México, cada vez que hay elecciones presidenciales, el modelo económico se pone en cuestionamiento y por tanto en riesgo, al grado de que en promedio hemos tenido una ideología económica cada 13 años desde la Revolución. Sin que hayamos entendido cosas tan elementales como que los precios los determina el proceso de oferta y demanda y no el gobierno, o que el mercado y el Estado no son enemigos, llevamos 110 años tratando de encontrarle la cuadratura al círculo en economía. Por el contrario, EU no pone en juego su modelo económico de desarrollo sustentado en el libre mercado, eso lo tienen claro desde su independencia hace 244 años. El liberalismo económico no está en juego en la economía más grande del mundo, tampoco lo está en la segunda (China) ni en la tercera (Alemania), ni en ninguna otra desarrollada. En estas elecciones, como en las anteriores, el liberalismo —producto del capitalismo— no está en cuestionamiento, lo que está en juego es la permanencia del populismo.

El populismo en EU ha tenido una incursión reciente producto del crecimiento de las redes sociales que dispersan el descontento social sin hacer mucho para remediarlo, pero en el que se montó Donald Trump para ser electo en el 2016.

Hoy, EU no es un mejor país que hace cuatro años, al mismo tiempo que ha perdido su liderazgo mundial en todos los foros y ha dejado de ser confiable para sus aliados. No obstante, el modelo económico de desarrollo sigue firme. En materia económica existen matices entre Joe Biden y Donald Trump, particularmente en la base fiscal, el aceleramiento de las energías limpias y en la protección a los derechos laborales. La intervención del Estado en la economía no es materia en el debate económico, como tampoco lo es el libre comercio. Bajo la premisa de que todos deben y pagan impuestos sin excepción, sólo se debaten las proporciones en que cada estrato social debe tributar. Lo mismo la protección al medio ambiente, más presente en los demócratas que en los republicanos, en donde los primeros serán más exigentes en la materia con sus socios comerciales y competidores que los segundos. Lo mismo con la protección de los derechos y estándares laborales. Una de las de democracias más sólidas del mundo, con fuertes instituciones y una auténtica división de poderes, se apresta a decidir si mantiene el populismo o regresa a la institucionalidad, mientras que su modelo económico capitalista se mantiene firme.

@DrCarlosAlber10

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

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