Este próximo 6 de junio México podrá iniciar un proceso de reconstrucción y redefinición de rumbo. Alternativamente, consolidará un régimen populista autocrático orientado hacia la regresión económica, el caudillismo, la polarización y el conflicto social, y el desmantelamiento institucional. La segunda opción trata de solidificar un poder que ha utilizado las instituciones de la democracia liberal para acabar con ella. López Obrador y el Partido Morena van en línea con todos los populismos que han asolado a América Latina como una enfermedad crónica, infecciosa y recurrente: Perón, Allende, Velasco, Torres, Castro, los Kirchner, Evo, Chávez, Maduro, Ortega. Estos siempre han terminado trágicamente, y México no sería la excepción. El populismo obradorista contagió a México manipulando fibras de profundo agravio en mayorías vulnerables, y prodigando subsidios y dádivas generalizadas; acometiendo en contra de supuestas élites adversarias del pueblo; explotando frustraciones en clases medias insatisfechas; y ofreciendo una opción tramposa a partidos tradicionales estigmatizados por la corrupción. Una parte significativa del electorado fue seducida a partir de condenar el pasado reciente, tirando al niño con todo y el agua sucia de la bañera, y negando los indudables avances de México en las últimas décadas (prácticamente en todos los órdenes excepto en seguridad). Cerró los ojos al hecho fehaciente que el Partido Morena es en realidad una selección adversa de personajes (los peores) decantados desde los partidos históricos de nuestro país (PRI, PRD, PAN), incluyendo al propio López Obrador, su único dueño.

El Presidente López y el Partido Morena buscarán refrendar una mayoría calificada (dos terceras partes) en la Cámara de Diputados, y una mayoría de legislaturas estatales para estar en posibilidad de reformar a su gusto la Constitución, o de hacer una nueva. La nueva constitución de López desmantelaría todo el andamiaje institucional del México liberal, abierto, democrático y moderno construido desde los años ochenta del siglo XX, para restablecer el mundo reaccionario del Caudillo, una mezcla de nacionalismo banal y populismo paternalista socializante, con tintes mesiánicos de una primitiva religiosidad moralizadora predicada por él mismo.

En nuestra democracia liberal representativa –que aún funciona puntualmente– la única vía que tenemos los mexicanos para contenerlo pasa a través de los partidos políticos históricos, en mucho desacreditados. Es una tarea cuesta arriba, hay que reconocerlo, y debe emprenderse desde su revitalización y reconciliación con la ciudadanía y la sociedad civil, al menos en tres cauces principales. El primero es la movilización ciudadana en favor de los partidos de oposición en trabajos de propaganda, promoción del voto opositor, y participación para una representación plena y defensa del voto en casillas electorales el día de la elección, en conjunción con las estructuras territoriales de los propios partidos. El segundo es una estrategia creativa de comunicación con una serie de contenidos cuidadosamente seleccionados para educar, hacer sentir y hacer razonar al electorado sobre la preocupante situación del país. Se trataría de un “fichero” de temas en binomio – un diagnóstico y una propuesta –  claros, sencillos, rotundos, cortos, elocuentes e inapelables, que configuren una narrativa ordenada y didáctica sobre las atrocidades cometidas por el gobierno de López y del Partido Morena, como el saqueo de los ahorros y fondos de estabilización; destrucción del sistema de salud; entrega de negocios al Ejército; pésimo manejo de la pandemia; más pobreza; crisis económica; energía cara y contaminante; inexistencia de una estrategia de seguridad, sólo militarización e ineptitud; abandono a empresas y trabajadores en medio de la crisis; quiebras y desempleo; violencia contra las mujeres; corrupción como nunca antes, contratos sin licitación; devastación ambiental como nunca; destrucción de instituciones autónomas, de contrapesos y de la división de poderes.

El tercero es un ejercicio de comunicación cotidiano, paralelo a la conferencia mañanera de López con los temas relevantes de la agenda nacional. Ganar la conversación pública implica abordar los verdaderos problemas del país, y no glosar sobre las ocurrencias, sandeces, distracciones, provocaciones y cortinas de humo que astutamente lanza en cada conferencia, para desviar la atención sobre su desastrosa gestión. Podría ser una conferencia mañanera diaria, con la presencia de diversas personalidades, analistas, candidatos, y dirigentes, con algunos detalles sarcásticos o humorísticos sobre López y su Partido Morena.

Sólo tenemos una oportunidad, ésta, para salvar a México.

@g_quadri

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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