La relación entre AMLO y Trump ha sido de lo más disímbola: desde su toma de posesión, hace ya dos años de AMLO, y vamos para los 4 de Trump: mientras el segundo no ha hecho más que instrumentalizar a México con insultos estridentes y muestras de poder que han herido a muchos mexicanos, AMLO ha tenido una muestra de lealtad quasiesclava hacia el primero.

Es verdad que con Trump muy pocas autoridades mexicanas aciertan (recordemos la invitación de que fue objeto mientras gobernaba Peña, en la que sólo vino a insultarnos), pero me parece que AMLO se ha ido al extremo: si existe un conflicto, atente un 200% a lo que tu opositor te exige. Parece que con él sigue el consejo evangélico de que si tu prójimo te pide caminar con él 1,000 pasos, camina tú 2,000. Pero esta sugerencia no es aplicable, pues López Obrador representa a todos los mexicanos, por lo que su mandato es  buscar lo mejor para su país; no sus ocurrencias o sus caprichos.

Y es en su relación de AMLO con Trump como representante de los mexicanos, donde éstos no deberían quedar no sólo incontentos, sino francamente enojados. Cuando se le pregunta al mandatario sobre Trump se niega a hacer comentarios, para eludir la confrontación. Pero como Jefe de Estado si la confrontación afecta a la imagen de su país o a sus intereses, es de justicia que deba intervenir o comentar.

Ninguna muestra de amigo ha dado Trump hacia México: desde sus declaraciones cuando era candidato; el maltrato a los centroamericanos en su frontera... que culminó con la exigencia al gobierno de Estados Unidos de utilizar nuestras propias fuerzas militares para impedir la entrada de personas que quieran cruzar al otro lado del charco. Es –como ya se ha comentado debidamente- hacerles su trabajo, con la amenaza de una imposición generalizada de aranceles a todos los productos que México exporta a su país.

Ante esa amenaza inmediatamente mandó a su secretario “resuelve problemas” a “negociar” a Washington. El resto de la historia ya la sabemos: la utilización de un tercio de la Guardia Nacional para controlar la entrada de centroamericanos y la eliminación temporal de imponer la amenaza. Les íbamos a hacer su trabajo. Más que una negociación, fue un dictado, una imposición. Y AMLO lo quiso ver como un triunfo de nuestra soberanía, por lo que organizó “una fiesta” en una ciudad del Norte. La verdad es que su comportamiento pareció más al de Antonio López de Santa Anna, que al de un auténtico patriota. México tenía sus propias armas, comenzando por las que ofrece el Tratado de Libre Comercio, de hacer una “suspensión equivalente”, como a su vez lo permite la Organización Mundial del Comercio.

El único “favor” de Trump hacia AMLO ha sido absorber el costo de 300,000 barriles que exigió la OPEP para México. Lo que AMLO no analizó y quizá tampoco algunos medios de opinión tampoco, es que Trump lo guardó como un favor que ya se lo cobrará en su momento, con todo e intereses. Más que una muestra hacia México, fue un favor hacia López Obrador.

Y por último: el viaje de AMLO a Estados Unidos. ¿La razón? Disminuir los puntos de desprecio de muchos americanos hacia Trump y acercar la  tendencia de voto de los mexicanos en Estados Unidos. Francamente, no veo otra razón. ¿Cómo hubiera actuado Antonio López de Santa Anna? Quizá de la misma manera. Dos maneras de obrar de dos estilos parecidos.

*Máster y Doctor en Derecho. Profesor Investigador de la Facultad de Negocios, Derecho y Políticas Públicas de la Universidad De La Salle Bajío e investigador nivel I del Sistema Nacional de Investigadores.