El accidente en la Línea 12 le arrojó mucho estiércol al ventilador y ahora ya es amplio el espectro de los embadurnados, en ese despreciable elenco, se aparece en primer lugar el exregente Ebrard...

Con un empeño digno de una causa aceptable, la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, ha intentado en tiempos recientes darle una salida administrativa al problema causado por el accidente en la Línea 12 del Metro. La coartada consiste en exigir a los contratistas participantes en el proyecto, el resarcimiento de las fallas estructurales encontradas en tan cuestionable obra de desarrollo urbanístico. Pero evidentemente, el intento es inaceptable y deberá quedar frustrado por una razón monda y lironda: en el accidente de marras, hubo muertos y heridos de gravedad y por tanto se trata inexorablemente desde el punto de vista jurídico de un asunto de la materia penal.

En paralelo, a otros corresponsables los hemos visto incurrir en grotescas piruetas de retórica para esquivar su involucramiento personal en la tragedia de la Línea 12. En particular, el perpetrador de ese bodrio de proyecto de infraestructura urbana, Marcelo Ebrard, ha argumentado que la aprobación y puesta en marcha se aprobó en órganos colegiados que funcionaban conforme a reglamento. No se da cuenta el ya tristemente célebre personaje, que ese hecho de ninguna manera lo exime a él de responsabilidad y que tan solo la difunde a círculos más amplios.

Como lo ilustra un escatológico pero muy iluminador refrán estadounidense, el accidente en la Línea 12 le arrojó mucho estiércol al ventilador, y ahora es extenso el espacio de los embadurnados por la tragedia. En ese despreciable elenco, se aparece en primer lugar el exregente Ebrard que fue el promotor del pésimo proyecto de la mal llamada “Línea Dorada”. Le sigue en el orden de aparición cronológica el siguiente regente, Miguel Ángel Mancera. Durante su gestión ni siquiera se intentó corregir las muy bien identificadas fallas estructurales de que adolecía la obra desde su creación. Y a continuación, también se nos aparece como bien embadurnada y muy punible la actual jefa de gobierno, Sheinbaum. Tampoco hizo nada para resolver los defectos estructurales en la Línea 12, ignoró olímpicamente las advertencias que ya existían en ese respecto y redujo brutalmente el presupuesto de operación del sistema del Metro. Con todos esos agravantes, no es extraño que haya sido a su administración a la que le estalló en las manos el cohete del desastre. Para cerrar, también es merecedora de reclusión con sombra la actual directora de ese sistema de nombre Florencia Serranía Soto. Lo mismo es corresponsable en la tragedia.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

Lee más de este autor