Es difícil encontrar en estos días a alguien que no haya sido víctima de algún tipo de atropello, algún accidente, o simplemente afectado por algún evento relacionado con el gobierno y los gobernantes.

No obstante, en el poco probable caso de que alguien intente quejarse o busque la reparación del daño sufrido, se encontrará con que no hay responsables.

Nadie responde por las cosas que pasan en la ciudad y en el país.

Lo mismo si se sufre el daño en el automóvil por pasar sobre un bache escondido o si se es víctima de un asalto, o bien, si se padecen a diario las incomodidades de utilizar transportes como el Metrobús. No hay instancia que responda por ello.

Como resultado de ello, muchos ciudadanos han adoptado una actitud que pareciera ser de amplia tolerancia, pero que en el fondo encierra un gran coraje y hasta rencor contra todo lo que represente la autoridad y el gobierno.

En estas circunstancias, es difícil encontrar razones por las cuales la ciudadanía acude a emitir su voto en los días que hay elecciones. Gane quien gane, las circunstancias no cambian ni se tiene más y mejor justicia, o por lo menos unas autoridades que escuchen a sus ciudadanos.

En un entorno dominado por autoridades indolentes en el que convive una parte de la ciudadanía que trabaja en el sector formal, paga impuestos y exhibe actitudes cívicas positivas, con otra que actúa en la ilegalidad, evade impuestos y se comporta cívicamente de manera deplorable, no se puede esperar otra cosa que el escepticismo de la mayoría de la gente.

Lo anterior ha provocado una extraña reacción de los políticos y de quienes deberían ocuparse en que esto cambiara, ya que también entre ellos es raro encontrar a alguien que sepa de esta situación y, de saberlo, que le importe.

Los partidos y los gobernantes siguen sin rendir cuentas a nadie de nada, por lo que únicamente se concretan en llegar al final de sus mandatos o encargos y, al tiempo, que buscan una salida paralela o buscan ascender en la escala de las posiciones, cuidan que alguien les cubra la espalda por su gestión.

Normalmente esto lo hace alguien que fue beneficiado con algún acto o, simplemente, tiene la preferencia de quien deja el cargo, por lo que existe un fuerte incentivo?para que cuide bien a quien se va, dejando a las leyes, el sistema y los ciudadanos a un lado.

[email protected]