Para monitorear las tendencias diarias de producción petrolera en el país, los altos funcionarios y altos directivos de Pemex rara vez revisan los indicadores de los más de 200 campos mexicanos. Son demasiados. Dadas las restricciones de tiempo, aprovechan la hiperconcentración en pocos campos y aplican una variante del 80-20 de Pareto: con sólo revisar el top 10 de los campos de Pemex, las autoridades pueden tener una película clara de dos terceras partes de la producción petrolera total del país.

Dentro del top 10, la suma de Ku, Maloob y Zaap representa casi 60 por ciento. La producción del complejo KMZ es tan importante para nuestro país que representa alrededor de 40% de la producción total de crudo, la principal fuente de los ingresos de Pemex y seguramente el activo, petrolero o no, que más ingresos fiscales representa para el país.

No es tan importante como lo fue Cantarell. De entrada, Cantarell llegó a superar la barrera de 2 millones de barriles diarios. KMZ no supera al millón. Cantarell, además, llegó a representar 63% de toda la producción nacional, en momentos en que era casi del doble que la de hoy.

Pero nada de esto quita que, hoy por hoy, KMZ sea extraordinariamente importante para la producción nacional y la producción de Pemex. Si viéramos el complejo entero como un solo campo, sería el segundo productor más grande del continente americano.

Pero no va a serlo por mucho tiempo. Aún continuando con inversiones y desarrollo de pozos para llegar a un pleno aprovechamiento de todas sus reservas 2P, los expertos estiman que la producción de Ku-Maloob-Zaap ya empezó su inevitable declinación. En el 2018, perdió casi 15% de su producción total y la tendencia va a seguir. La consultoría Welligence estima que, para el 2025, tres campos en Brasil y uno en Guayana habrán rebasado a Ku-Maloob-Zaap en producción diaria. Si sus pronósticos son correctos, para el cierre de este sexenio, la producción de KMZ se habrá encogido a sólo 56% de lo que produce actualmente.

Aun guardando las debidas proporciones, es inevitable comparar el 2018, el año en el que se registró el primer declive importante en la producción de Ku-Maloob-Zaap, con el 2004, el año en el que Cantarell llegó a su pico productivo y empezó a decaer. Estamos hablando de la caída de dos gigantes. Pero un primer punto de contraste es que KMZ enfrenta el principio de su caída de una forma mucho más decorosa que Cantarell. Cantarell tuvo un muy cuestionado pico, que muchos argumentan que fue producto de una sobreexplotación que terminó dañando el factor de recuperación total del yacimiento de forma irremediable. KMZ empieza la bajada a partir de un altiplano de producción que prácticamente no ha sido cuestionado desde la perspectiva técnica.

Más allá de Ku-Maloob-Zaap como activo, el panorama es mixto. Por un lado, contrario al caso del 2004, en el que el gigante KMZ empezaba a asomar la espalda para sostener buena parte de la producción nacional, hoy no hay ninguna espalda ni joroba visible de ese tamaño. Esto debería de encender las alarmas de los que revisan las estadísticas de los 10 principales campos mexicanos todos los días.

También contrario al 2004, hoy México ya tiene una gran cantidad de participantes en su industria de exploración y producción, procesos como las rondas que han demostrado su eficacia para atraer inversión y generar actividad y una serie de herramientas adicionales, como los farmouts, que, aunque por ahora están subutilizadas, tienen un demostrado historial internacional de poder exponenciar los niveles de actividad en bloques ociosos o desaprovechados.

La historia de Cantarell nos enseña que tiene poco sentido quedarnos atorados en el lamento por lo que un día fue. Hay que aprovechar los últimos años de vida al máximo, pero hay que construir un futuro sin nuestros gigantes. Es muy doloroso analizar, décadas después, todo lo que se desaprovechó por aferrarnos a lo que era claro que ya no iba a dar, sea un campo o un modelo.

PabloZárate

Consultor

Más allá de Cantarell