?Uno de los temas que más interesan a los líderes de las organizaciones son los relacionados con el fraude. Conocer cuáles son los factores que lo detonan es esencial para evitar este delito en la empresa. Para ello, vale la pena analizar el Triángulo del Fraude, el cual consiste en:

1er vértice: la oportunidad o la falta de controles al interior de la empresa.

Un binomio que siempre se debe tener presente es: ética y herramientas de control. Las empresas pueden protegerse desde el proceso de selección de personal, verificando qué tan afinados y alineados son los procesos de reclutamiento, evaluando qué tan ético es el candidato, pues, a mayor solvencia ética del personal menor necesidad de herramientas de control. Este binomio debe irse equilibrando poco a poco. Aunque algunas veces se requieran más herramientas de control y en otras ocasiones, menos, nunca deben faltar en la empresa. El expresidente estadounidense Ronald Reagan decía: Confía, pero verifica .

2° vértice: la necesidad, real o inventada.

A grandes rasgos, los defraudadores son personas que tienen la idea de que no reciben la paga justa o que no son reconocidos, entonces llegan a hacer justicia por su propia mano .

En estas circunstancias, existe una fórmula que resulta explosiva: dinero (+) poder (-) control (-) reconocimiento = fraude.

Esto significa que una persona que maneja grandes cantidades de dinero, que tiene poder, pero que no tiene controles y que además no es reconocida, se convierte en una bomba de tiempo. ¿Qué hacer al respecto? La cultura de una organización tiene un rol fundamental principalmente porque crea hábitos en las personas, mismos que generan un sentido de permanencia y de estabilidad psíquica y emocional, además de gozo y satisfacción laboral.

3er vértice: justificación intelectual.

Los defraudadores justifican sus acciones inverosímiles. Una verdad por sí misma es sostenible, pero una mentira, como lo es un fraude, no se sostiene por sí sola. hoy en día se dice que la verdad o la ética se han convertido en la ecología de las organizaciones y de las personas. Tal y como se contagian las malas prácticas, también lo hacen las buenas. Carlos Llano decía: Cuando convives con una persona virtuosa se te antoja ser virtuoso .

?Pero, ¿cómo detectar aquellas conductas o comportamientos que desencadenan este delito?, ¿cuál es el perfil del defraudador? Conocer estos aspectos permite tomar decisiones pertinentes en el momento apropiado para salvaguardar los intereses de la compañía.

Uno de los focos rojos en el tema del fraude es el robo hormiga. Las acciones que llevan al fraude muchas veces comienzan con poco y van creciendo con el tiempo. Ante eso la solución es tolerancia cero. Cuando se detecta una mala práctica hay que desvincular a esa persona de la organización y mandar una señal a toda la empresa para evitar que se replique este tipo de acciones.

Se puede prevenir el fraude creando una cultura de valoración y reconocimiento de sus empleados, además de un ambiente laboral agradable. Cuando existe una cultura meritocrática, un plan de carrera que empata con el plan de vida del personal y le permite formar parte de nuevos proyectos, los colaboradores están concentrados en sus responsabilidades y no en la planeación de un fraude.

Otra medida para prevenir son las auditorías frecuentes. Es vital que sean realizadas por personal externo a la organización para evitar conflicto de intereses y no minar la credibilidad de la institución.

Finalmente, es preciso que los empresarios reflexionen no sólo acerca de la detección de actitudes, sino considerar que la gente que trabaja en una empresa con una cultura ética bien establecida va a disfrutar ser puntual, honrada y cumplida y creará un imán que atraerá a personas con los mismos valores.

?*El autor es profesor del área académica de Factor Humano de IPADE ?Business School.

@ipade