El mes de abril concluyó con una baja generalizada para la mayoría de los mercados bursátiles más importantes del mundo.

El índice S&P 500 cayó -1.5%, después de haber registrado cuatro meses de alza consecutiva en los que acumuló una ganancia de 13 por ciento.

El desempeño negativo fue una combinación de toma de utilidades aunada a un incremento en la aversión al riesgo ante la incertidumbre sobre la situación económica y financiera de la periferia europea y, concretamente, España.

La agencia calificadora S&P ayer recortó la calificación de BBVA y Santander en dos niveles como colofón a la reducción que hizo la semana pasada sobre la calificación de riesgo soberano de España.

Adicionalmente, se confirmó lo que todo el mundo sabía, España ha entrado en una segunda recesión. La economía de España se contrajo 0.3% en el primer trimestre del año en medio de una serie de medidas draconianas de austeridad.

Aunque los fundamentos macroeconómicos de España son mejores que los de Grecia y los ajustes requeridos para reducir su déficit fiscal son, en teoría, manejables, la principal preocupación viene por cinco factores: I) el alto apalancamiento del sector privado; II) la fragilidad del sector financiero; III) el enorme sacrificio en términos de crecimiento que implican las medidas de austeridad impuestas para acceder a los programas de apoyo; IV) la trayectoria del déficit fiscal en ausencia de crecimiento económico, y V) el encarecimiento del financiamiento de mercado a España.

Datos de JP Morgan revelan que España ha sido el país más dependiente del financiamiento externo durante la última década. La deuda externa neta del sector privado en España pasó de 63,000 millones a 1.1 billones de dólares entre el 2002 y el 2009 . Esta dependencia del apalancamiento permitió a España crecer de manera acelerada durante buena parte de la primera mitad de la recién concluida década.

El reto principal de la economía española es el desapalancamiento y refinanciamiento de está gran deuda externa del sector privado en un entorno de recesión y creciente presión social.

Durante el 2012, los bancos y cajas de ahorro españolas deben refinanciar alrededor de 80,000 millones de euros, los cuales representan un reto complicado dada la percepción que hay sobre el estado de las finanzas de buena parte del sector financiero español y su posible deterioro ante una prolongada recesión.

A pesar de la situación, las autoridades españolas han salido a defender la salud de su sector financiero, argumentando que los bancos y las cajas de ahorro salieron bien librados en las pruebas de solvencia aplicadas en los últimos años. El problema es que la credibilidad de dichas pruebas de solvencia es prácticamente nula.

Aunque los gigantes financieros como BBVA y Santander no enfrentan problemas de refinanciamiento, las cajas de ahorro deben refinanciar cerca de 30,000 millones de euros durante el 2012, de acuerdo con datos de Bloomberg.

El dilema de España es que, para poder acceder al financiamiento del BCE y el apoyo del FMI, oxígeno vital sin el cual España sería incapaz de acceder a los mercados financieros, tiene que seguir adelante con medidas draconianas de austeridad fiscal.

Sin embargo, hay expertos como el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz que opinan que las medidas de austeridad dictadas por el FMI y la UE están condenadas a fallar, dado el grandísimo sacrificio que implican en términos de crecimiento.

El problema de España es que no tiene herramientas para estimular el crecimiento porque está atada de manos en términos de política fiscal y monetaria.

Otro premio Nobel, Paul Krugman, argumenta que la solución para España no es la austeridad sino mayores estímulos fiscales para promover el crecimiento.

Krugman dice que una de las posibles consecuencias de una medida así, una mayor inflación, funcionaría para reducir el peso de la deuda en términos reales.

El debate entre los proponentes de la austeridad y los proponentes de nuevos estímulos está más vivo que nunca.

Mientras tanto, la realidad es que, a diferencia de otros países que han salido de crisis de endeudamiento con una combinación de políticas de austeridad con mayor inflación y depreciación de sus monedas, España está atada de manos y en riesgo de tener su propia década perdida de crecimiento económico y altísimo desempleo.

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