La situación fiscal exige reasignar recursos. Una vez más hay que insistir en la cancelación de los proyectos inviables. México ha pasado por varias crisis, y su manejo nos ha aportado valiosas lecciones generales.

Estamos viviendo un círculo vicioso entre choques de oferta y demanda que terminará provocando una recesión. Las estimaciones más recientes es que la contracción del Producto Interno Bruto (PIB) en el 2020 será de entre -3.5 a -7 por ciento.

¿Ante esta crisis, qué acciones de política pública se requieren? Cosas como redireccionar urgentemente las finanzas públicas para proveer liquidez y transferencias directas a negocios y familias, incluida la informalidad, como lo han hecho casi todos los países. Con ello se garantiza un mínimo de operación y de protección al empleo.

Por eso argumenté la semana pasada que se requiere un presupuesto de emergencia para enfrentar esta crisis. El gasto público está para apoyar la recuperación económica bajo estas condiciones. La situación fiscal exige reasignar recursos.

Ante la terquedad y obstinación del presidente López Obrador, una vez más hay que insistir en la cancelación de los proyectos inviables, que todos sabemos cuáles son.

No son tiempos para frivolidades ni para pruritos fiscales, estos últimos válidos para situaciones de normalidad. El gobierno ha tenido una actitud mezquina; por ejemplo, al no diferir el pago de la declaración anual al SAT. Era una medida elemental de alivio.

Para los apoyos que tienen que ser masivos, el banco central debe respaldar financieramente al gobierno. Lo dijo ya con elocuencia Agustín Carstens, gerente general del Banco de Pagos Internacionales: ”Las intervenciones de los bancos centrales deben llegar a los individuos y los negocios afectados. Éstos, grandes y pequeños, requieren capital de trabajo, sobre todo si son parte de una cadena de valor.” Carstens propone un esquema interesante: que los bancos otorguen a las pymes afectadas un crédito con garantía gubernamental igual al monto de los impuestos que pagaron en el ejercicio pasado. Estos préstamos luego serían refinanciados, en forma bursatilizada, a través de una facilidad del banco central. Sí, son tiempos de innovación para los bancos centrales, y el Banco de México y la SHCP deben marchar coordinadamente a través de esta turbulencia.

México ha pasado por varias crisis. Aunque de naturaleza distinta, su manejo nos ha aportado valiosas lecciones generales: 1) se tiene que actuar rápido y temprano; 2) las intervenciones de recursos deben ser masivas; 3) pedir apoyo de recursos internacionalmente al Fondo Mometario Internacional; 4) estructurar un plan integral y sólido; 5) comunicarlo a la población de manera sencilla y convincente para generar confianza y credibilidad, y 6) mostrar liderazgo político. Nada de esto hemos visto hasta hoy por parte de este gobierno. Valdría la pena que Herrera hurgara en los archivos de sus antecesores para encontrar este sencillo ABC para enfrentar las crisis.

El tiempo se agota. La pandemia se recrudece en todas partes y la recesión económica se profundiza. ¿Hasta cuándo veremos un plan de estabilización integral y efectivo? ¿Qué nos presentará Herrera el próximo 8 de abril cuando tiene que dar a conocer los Precriterios de Política Económica 2021 si ni siquiera ha arreglado el 2020?

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