Las crisis económicas pueden presentarse de diversas formas, ya sea por efectos negativos en la demanda o la oferta, en el campo de lo comercial o bien en el sistema financiero. Aunque pueden presentarse en alguna de estas áreas, también lo pueden hacer en todas, como una suerte de concatenación de problemas; por ejemplo, iniciar con un choque por el lado de la demanda, para luego impactar en la oferta, para finalmente demoler el sistema financiero que es el sistema circulatorio del dinero en la economía, todo desde luego destruyendo lo más importante: el empleo. En cuanto se canceló el aeropuerto de Texcoco, México comenzó una desaceleración importante, que pasó de un crecimiento de 2.0% a 0 en año y medio. Luego vino la pandemia del Covid y con ella, a la caída económica, se le sumó un choque de la demanda que desencadenó en la oferta, generando un millón de empleos perdidos, el aumento de la informalidad, la pérdida del ingreso de 12 millones más y 10 a la pobreza extrema, según ha pronosticado el Coneval.

Hasta el momento, esta lamentable circunstancia no ha impactado al último eslabón: el sistema financiero. Una crisis en este sector son palabras mayores. Los ahorros, las quincenas, inversiones, seguros y, en general, el capital de un país se encuentra en este sistema, a lo que se suma los sistemas de pagos de alto y bajo valor. Ningún mexicano ha visto algo similar, pero puede ser todavía peor si no cuidamos el sistema financiero. Actualmente no hemos llegado al punto de ver comprometido el sistema, la afectación es poca aún; empero, todos los caminos llevan a Roma. A pesar de que la banca mexicana —los bancos son el primer punto de contacto del sistema financiero— sobrepasa los índices de capitalización, y que tanto la ABM como las autoridades no se cansan de decir que tenemos un sistema sano y sólido, la verdad es que no hay sistema que aguante una crisis económica con tal nivel de impacto en el empleo y la pobreza y, en donde, la demanda y oferta no tienen para cuándo ajustarse, como es el caso mexicano.

Lo anterior puede hacerse más evidente en una situación como la nuestra en donde todo intento de recuperación se está dejando únicamente a los bancos, buscando que personas, familias y empresas tomen deuda para salir adelante. Nos hemos convertido en el país de los meses sin intereses y ahora flexibilizados los criterios contables de la banca para darle la vuelta al problema. Sin embargo, en esta situación no pareciera que a fuerza de créditos (todavía muy caros en México), los ciudadanos y empresas puedan salir adelante máxime que no hay fecha real para la reactivación total de la economía y que nuestra propia estructura económica, mayoritariamente informal y sin inversión, presenta daños severos por la falta de confianza y respeto al Estado de derecho. Hay que cuidar ya al sistema financiero, so pena de quebrar al país entero.

@DrCarlosAlber10

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

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