Viajar por tren como pasajero es una reminiscencia del pasado. Era la época romántica en que salía en la noche de la estación de Buenavista el Pullman a Guadalajara. Después de una suculenta cena a bordo, el pasajero dormía en uno de los compartimentos para amanecer en la mañana en la Perla Tapatía. Pero la extendida conectividad por carretera y aire, aunado a que, como toda empresa pública, los malos manejos financieros y un sindicato corrupto, quebraron el sistema ferroviario de pasajeros. Las últimas rutas fueron privatizadas en 1995.

El gobierno de Peña planteó dos proyectos para revivir rutas ferroviarias de pasajeros. Uno, el malogrado tren de la Ciudad de México a Querétaro que iba a ser construido con una coinversión de China, pero que por corruptelas fue cancelado. El otro, el tren Toluca-México, que parecía una buena idea para las miles de personas que viven en Toluca y trabajan en la CDMX. Pero el proyecto se fue retrasando, hubo otros problemas y al final de la administración se abandonó por… adivinó: corrupción. Ahora en el presupuesto federal 2022 se incluyó una partida por 7,000 millones de pesos para retomarlo.

Desde su campaña, López Obrador concibió dos grandes proyectos ferroviarios: El Tren Maya (TM) en la península de Yucatán como un motor de desarrollo regional, y el proyecto del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec. El TM partirá de Palenque y cubre casi 1,500 km de vías férreas. Aunque contempla transportar carga, su vocación será turística, emulando al Tren Chepe del Cañón del Cobre en Chihuahua. La intención es inaugurar la primera fase en 2023 y finalizar las restantes en 2024.

A pesar de que en www.trenmaya.gob.mx pueden consultarse muchos documentos sobre el proyecto, no hay una detallada proyección de demanda de su uso, evaluaciones acerca del impacto ambiental (por la tala selvática), el desarrollo de actividades económicas regionales, ni un profundo análisis de los costos operativos. Se ha cuestionado la rentabilidad de este proyecto. Al final, el TM es un sueño voluntarista.

El proyecto del Interoceánico del Istmo parece tener más sentido y mejor planeación. Busca enlazar comercialmente a los dos océanos. Incluye instalar 10 parques industriales y ampliar las terminales de contenedores de los puertos de Coatzacoalcos y Salina Cruz. Se podrán así recibir mercancías procedentes de Asia, moverlas por ferrocarril a Coatzacoalcos, y de ahí por barco a puertos de la costa este de Estados Unidos. Se espera tenerlo funcionando entre 2023 y 2024. Por orden presidencial, se creará una empresa para el manejo de las utilidades del transístmico donde la SEMAR tendrá el 51% de las acciones y los cuatro estados involucrados el restante 49 por ciento. Pero en un decreto peculiar, por decir lo menos, todas las utilidades se depositarán en los fondos de pensiones de la SEMAR y los estados. De acuerdo con el presidente, es una forma de blindarlo contra una privatización.

Al final, la 4T tiene un proyecto de infraestructura muy malo que responde a un capricho ferroviario, y otro al parecer mejor planeado y concebido.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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