Durante esa batalla de egos que se desató entre dos bandos para imponer la agenda de la marcha en la Ciudad de México, algún estratega sugirió que para unificar a los que sí querían criticar al gobierno y los que no querían lanzar consignas contra la administración de Peña Nieto, se posicionara como una manifestación antiTrump.

Parece más sencillo unificar a la sociedad en torno a un enemigo que alrededor de un objetivo común planteado en positivo.

No hay duda de que el presidente de Estados Unidos es un perfecto candidato a dictador, pero también hay que ver que gobierna un país que tiene algunas de las instituciones más consolidadas del mundo.

Mientras no doblegue a las estructuras de su propio país, de lo que hay que tener cuidado no es de Donald Trump, sino de sus políticas, avaladas por las instituciones.

Por ejemplo, no hay duda de que los obedientes republicanos apoyarán a Trump en el Congreso, pero está claro que el sistema judicial luchará por su independencia.

El primer embate contra México fue migratorio y su empecinamiento en construir un muro en la frontera común. Ahí vimos cómo literalmente topó con la pared de la realidad de no tener manera de obligar a México al pago de su construcción, al menos la creatividad no les ha dado hasta ahora para ello.

La renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte o la salida de Estados Unidos de él, va en el camino de las reglas del juego. Los países están ahora en consultas internas y después viene el inicio de los contactos trilaterales.

Tenemos, sin duda, angustias dirigidas que nos amenazan de manera directa, pero hay otros temas que aun siendo parte de la política interna, acabarán por incidir por todos lados.

Lo que sigue en la mira de los mercados es tanto la iniciativa de reforma fiscal que está por presentar Donald Trump al Congreso hacia finales de febrero, como sus propuestas en materia de desregulación financiera.

Ambas medidas prometen ser una inyección de esteroides en el torrente económico de Estados Unidos, porque evidentemente menos impuestos y menos controles mueven cualquier maquinaria, por más grande que sea.

Los mercados bursátiles serán el mejor termómetro para entender la inmediatez del efecto estimulante de estas medidas.

Son los efectos colaterales los que hay que cuidar. De entrada, un despegue de Estados Unidos beneficia a México, incluso con todo y las amenazas del libre comercio. Pero necesariamente tendrá consecuencias globales.

Una primera consecuencia podría ser monetaria, si los estímulos calientan la economía podría obligar a la Reserva Federal a acelerar el paso en el aumento de las tasas de interés. Pésima noticia para todos.

Estamos ante un país como Estados Unidos que no ha acabado de corregir sus desequilibrios fiscales y que tiene niveles de endeudamiento históricos y que opta por recaudar menos y gastar más (por ejemplo en el muro). Otra terrible novedad global.

Y como añadidura está el reabrir la puerta de la avaricia de los bancos para que regresen a los terrenos que provocaron la gran recesión global de hace menos de 10 años.

En fin que esas son tan sólo algunas de las políticas de las que hay que tener cuidado.