La ignorancia y la hipocresía no son extrañas al poder legislativo mexicano. Incluso la abierta traición a los intereses nacionales puede ser ahí un código de desempeño, como lo atestiguamos esta semana, cuando el partido Morena en la Cámara de Diputados aprobó infaustas reformas a la Ley de la Industria Eléctrica (“Ley Combustóleo”), de lo cual ya hemos hablado reiteradamente en este espacio. Otro desvarío potencialmente catastrófico fue protagonizado la semana anterior en el Senado de la República, ahora por el senador por Campeche Oscar Román González, del PRI, quien propuso prohibir la cacería deportiva en México mediante reformas a la Ley General de Vida Silvestre y a la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos. De prosperar la iniciativa del senador González, se estaría sellando la extinción de muchas especies de fauna silvestre y la destrucción de millones de hectáreas de ecosistemas naturales, además de condenar a la pobreza a millones de habitantes rurales en nuestro país. No sabemos si la hipocresía moralista que subyace a sus motivaciones provenga de la simple ignorancia o de algún compulsivo resentimiento personal. En ambos casos sería muy preocupante.

Ciertamente asistimos a una tragedia global de extinción de especies terrestres, particularmente en el mundo en vías desarrollo. El fuego deliberado, los desmontes, el machete, el arado, los tractores, la motosierra y el pastoreo, blandidos por poblaciones pobres no urbanizadas de campesinos y pastoralistas, o bien por actividades agroindustriales, son los vectores de exterminio. Todo es peor, cuando existen mercados paralelos fuera de la ley. No hay manera de valorizar e internalizar económicamente la conservación. Ni la corrección política, ni el oportunismo hipócrita se escandalizan o angustian por ello (desde luego, tampoco el Senador González). Sin embargo, la cacería deportiva regulada y formal, impide todo esto en muchas regiones del planeta, y desde luego en México; representa la única posibilidad de atribuir valor y de generar ingresos y empleos rurales asociados a la conservación de ecosistemas y de la fauna. Es el único incentivo para ello. Y funciona muy bien. De hecho, un número muy significativo de especies han sido salvadas de la extinción gracias a la cacería regulada y formal, entre ellas, notablemente en México, el Borrego Cimarrón (Ovis canadensis).

Si realmente queremos conservar especies y ecosistemas debemos pagar por ello. La pregunta es ¿quién? Por supuesto, no las buenas e hipócritas conciencias. Lo intentan hacer los gobiernos (por supuesto, no el nuestro), algunos filántropos, y desde luego, los cazadores, que soportan muchos empleos y volúmenes considerables de ingreso para los habitantes locales. Ellos han conservado hábitat y fauna, y también, han jugado un importante papel ecológico. En México, la cacería deportiva regulada se lleva a cabo en Unidades de Manejo y Aprovechamiento de Vida Silvestre (UMA) establecidas por los propios ejidatarios, comuneros o dueños individuales, a partir de regulaciones y planes de manejo sancionados por especialistas y por la autoridad. Los permisos sólo se les entregan a ellos, lo que los hace, de facto, propietarios de la fauna cinegética y les configura un poderoso incentivo de conservación. Los cazadores los compran, además de contratar servicios de guías, logística, alimentos, alojamiento, y transporte que representan una importante economía rural. Las UMA son, a su manera, verdaderas áreas naturales protegidas y un eficiente sistema productivo en el campo. Eliminar todo esto sería una atrocidad imperdonable, y la vuelta a la cacería furtiva y al exterminio.

La muerte es algo natural y absolutamente necesario en la naturaleza. Es la lógica de la vida, en la cual se insertan los cazadores. No hay buenos ni malos. Los cazadores serios y responsables, y que pagan (y mucho) por serlo, extraen o cosechan individuos de determinadas especies y características para mantener poblaciones genética y ecológicamente saludables. La cacería regulada y sostenible simplemente sustituye a la mortalidad natural (mucho más dolorosa) de especímenes que ya han cumplido su rol reproductivo. En el camino, la cacería confiere valor económico a la conservación de la biodiversidad. Alguien tiene que explicarle al senador González.

@g_quadri

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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