Ésa es la fecha en que seguirán subiendo los precios de las gasolinas. Es el momento de ejecución de la medida, porque lo que no está muy claro es cuál es la política de precios de los combustibles.

De hecho, saber la fecha en que nos aplicarán los aumentos es toda una novedad. Porque en ese afán de no querer alertar la especulación en torno de los incrementos ni siquiera sabíamos cuando.

Haciendo un recuento, los aumentos correspondían al primer fin de semana de cada mes y en algún momento con incrementos dobles.

En este país, donde se supone que la administración del presidente Calderón le ha declarado la guerra a los monopolios, no hay planes para terminar con uno de los peores: el de los energéticos.

Si hay un monopolio que causa distorsiones ése es sin duda el que se encarga de proveer la energía. Pemex nos cuesta por partida doble:

subsidiamos su operación vía impuestos y no gozamos de las mieles de ser un país petrolero. Nos cobra los combustibles a precios internacionales y con calidad del tercer mundo.

Con ese control exclusivo sobre precios tan importantes como las gasolinas, el gobierno se puede dar el lujo de cometer barbaridades económicas, pero de alto impacto político, como lo que hizo el año pasado al congelar los precios.

El incentivo resultó en su momento atractivo, pero es el tipo de medida populista que inevitablemente pasa su factura. Y es la que hoy pagamos.

Era inevitable que los aumentos que se dejaron de dar durante el 2009, se corregirían durante este año. Sólo que por añadidura cambiaron la política de subsidios. Como diría aquel: los aumentos completitos y copeteados.

Está claro que la baja demanda mantiene los precios a raya y que presiones inflacionarias no hay. Esto, sin duda, ayuda a que se note menos el impacto en precios del gasolinazo.

Pero lo que más se extraña es una política clara. Lineamientos que al menos arrojen pistas de qué se puede esperar hacia delante.

En todo el mundo, el precio de los energéticos es variable, no hay certezas en prácticamente ninguna parte del planeta sobre cómo van a amanecer los precios de los energéticos.

Aun así, el libre mercado de un producto altamente volátil en su precio es una política clara.

En México, la política, al menos hasta hoy, es que van a subir los precios de las gasolinas el segundo sábado de cada mes. ¿Cuánto, cómo y por qué? Es mucho pedir.

Claro, nos dicen que esto es para disminuir los subsidios de las gasolinas que cada año le cuestan al erario casi 100,000 millones de pesos que se pueden emplear muy bien en salud, educación, etcétera etcétera.

Pero eso no es un criterio, es una justificación. Porque, ¿qué va a pasar el día en que los precios en México alcancen o superen los precios de las gasolinas en Estados Unidos?

¿Ese día terminarán los aumentos en los precios? ¿Empezaremos a ver cómo en este país bajan los precios de los energéticos a la par del comportamiento del precio del petróleo? La verdad, lo dudo.

De hecho, con el aumento del sábado pasado a la gasolina Premium, ya es posible hoy conseguir litros más baratos de este combustible de alto octanaje en Estados Unidos que en México.

Lo que temo es que cuando finalmente se emparejen los precios, entonces nos vayan a cambiar el discurso y nos podrán argumentar que es una política ecológica hacer que quien más consuma combustibles más pague, para entonces poder invertir en arbolitos y demás.

O bien, alguien nos dirá que una cosa es el precio del energético y otra muy diferente la enorme carga de impuestos que contiene cada litro de gasolina. Y entonces, hay que seguir subiendo precios.

La verdad me late más que usen la salida ecológica, siempre políticamente correcta, que la explicación fiscal.

También, la falta de una política clara de precios en las gasolinas se presta para todo tipo de especulaciones. ¿Por qué este mes dejó de ser el primer sábado de cada mes el aumento y se pasó al segundo sábado del mes?

Quizá porque el primer sábado del próximo mes de julio es el día previo a las elecciones.