La llegada de un nuevo año presenta nuevos desafíos para todos los actores del sector de telecomunicaciones. Por un lado, implica la culminación de plazos muy importantes que dependiendo de cómo terminen podrían tener como consecuencia un reacomodo del entorno competitivo de este importante sector de la economía.

La selección del socio privado de la red mayorista, la potencial revisión de las restricciones a los denominados agentes económicos preponderantes, el primer término cumplido por un comisionado del IFT y una mayor claridad en el destino de 60 MHz en la banda de 2.6 GHz del espectro radioeléctrico son algunos de los aspectos que serán definidos en los próximos 12 meses.

El 2016 también traerá consigo la continuación de procesos como la modernización de la infraestructura de telecomunicaciones del país, una mayor necesidad de conexiones de banda ancha de alta velocidad y nuevos atisbos de consolidación por parte de los proveedores de servicio. Todo lo anterior seguirá acompañado de un esfuerzo por parte de las empresas de diversificar su cartera de servicios para poder atender un mercado potencial más amplio y simultáneamente reducir las tasas de deserción de sus clientes ya establecidos.

De igual forma, es de esperarse en este nuevo año que los debates centrales del sector se preocupen por continuar temas de contabilización de líneas, tasas impositivas, participaciones de mercados e índices comparativos que den una idea de la ubicación de México en la oferta de servicios con relación a otras naciones del mundo. Tampoco hará falta la demagogia malinchista que con gritos histéricos pregone que la convergencia está dejando al país rezagado en su supuesto atraso.

Personalmente, los próximos meses me presentan una gran inquietud. Me refiero al rol de los contenidos en un mundo completamente diferente y que no da avisos de frenar en su mutación. Comenzamos con un mercado de televisión abierta pionero en América Latina en su digitalización, con la inmensa mayoría de las transmisiones en formato digital. Este cambio no viene solo, pues en muy pocas semanas se espera que comience a transmitir su señal la tercera cadena de televisión abierta del país. Resumiendo: posibilidad de un fuerte incremento en la diversidad de contenidos que podrán seleccionar los usuarios.

Asimismo, los contenidos continuarán incrementando su importancia como captadores de audiencia, como se ha podido observar hasta el momento. Es aquí donde los despliegues de infraestructura cobran gran importancia, pues las redes de los operadores que anteriormente estaban centradas en comunicar tienen que reformularse para su nuevo rol de entretener. Cada vez el porcentaje de tráfico originado por mensajes de texto, chatear, correos electrónicos y telefonía se irá reduciendo frente al originado por servicios y aplicaciones de entretenimiento.

En otras palabras, de un paradigma en que las redes funcionan para transportar contenidos creado por los usuarios pasamos a uno en que los usuarios consumen contenidos creados por terceros. Esto significa que quien controle los mejores contenidos es quien tiene las mayores posibilidades de ser exitoso en esta etapa de la evolución del sector de telecomunicaciones.

Los miles de millones de dólares en inversión que se observarán en México en el 2016 y los años subsiguientes para el incrementar la cantidad de fibra óptica, despliegues de tecnologías de banda ancha inalámbrica y una mayor disponibilidad de capacidad satelital tienen como finalidad principal el transporte de servicios de entretenimiento.

Hay que considerar que no todos los proveedores de servicio de telecomunicaciones producen contenidos o que no todos los productores de contenido ofrecen servicios de telecomunicaciones.

Ver la evolución de los contenidos será interesante. Sobre todo ver el papel de las autoridades al defender los derechos de los operadores y consumidores de localidades rurales.

*/Director para América Latina y el Caribe de 4G Américas