Al observar los retos que ha presentado la pandemia a los distintos sistemas de salud en el mundo, nos queda claro que no existe un modelo perfecto ni tampoco una forma de administrarlo. Pero lo que hemos vivido hasta hoy en México ha evidenciado la fragilidad del sistema y la falta de una masa crítica de talento y recursos dedicada a innovación y emprendimiento en el sector salud.

Nuestra tasa de mortalidad supera el 40% de los pacientes hospitalizados, hemos adolecido de poca claridad de información, en parte por la falta de sistemas de reporte que utilicen tecnologías de vanguardia; y nos vemos en una constante amenaza de no poder tener acceso a los nuevos medicamentos y/o vacunas por no tener un rol protagónico o vanguardista en la comunidad científica global del sector salud. Estos hechos irrefutables nos deben hacer pensar en cómo transformar y evolucionar, de una forma propositiva, el sector salud de México.

Para mí, nunca ha sido cuestionable que el acceso a servicios de salud debe ser un derecho de todos los ciudadanos y en este sentido, la mayoría de los mexicanos, independientemente de nuestra afiliación política, estamos de acuerdo: los mexicanos debemos tener un acceso universal a la salud. De hecho, el mayor logro histórico en el sector salud podemos atribuirlo a la creación del Instituto Mexicano del Seguro Social, que en su momento detonó un cambio sin precedente. Sin embargo, a 80 años de su fundación, México es hoy un país diferente. Los problemas de salud que afectan a la población han cambiado: de ser el resultado de enfermedades infecto-contagiosas, a ser el resultado de enfermedades crónico-degenerativas. Por lo tanto, la complejidad de los servicios necesarios para atenderlos y la demanda basada en la complejidad geográfica y poblacional ha aumentado de tal forma, que no se logra satisfacer ni la demanda, ni la calidad de la atención que la población merece. La actual crisis de salud como resultado de la pandemia, ha hecho estos problemas más evidentes y nos demanda un cambio urgente.

Si la mayoría estamos de acuerdo en el valor universal del acceso a la salud y encontramos que el sistema actual necesita una reinvención, me parece prudente que nos hagamos algunas preguntas fundamentales. ¿Cuál debería ser el rol del gobierno en este ámbito? ¿Debe ser el gobierno quien administra y provee los servicios, o es más bien quien garantiza y se responsabiliza de lograr acceso universal?

De aquí emana una de las propuestas más críticas a analizar en el futuro: el garantizar acceso universal e inclusive el proveer el financiamiento para los servicios de salud no obliga al gobierno a ser el proveedor de esos servicios; de hecho, el ser el proveedor ha reducido históricamente la competencia en el sector y consecuentemente eliminado los incentivos para mejorar la calidad de la atención y en el servicio al cliente. Si comparamos cualquier otro sector de la economía, es evidente que la ausencia de competencia disminuye la calidad y la innovación. Me parece contundente que ahí tenemos uno de los grandes problemas de salud en el país. Yo creo firmemente que nuestro gobierno busca el bien común, aunque difiera de la forma en cómo lograrlo; también creo que una legítima discusión de forma objetiva y científica nos ayudaría a conseguir el objetivo que todos buscamos: salud para todos con mayor calidad.

Lograr una reforma importante al sector salud de México es un problema complejo para el cual no pretendo, ni presumo, tener una respuesta única. Sin embargo, ha sido para mí muy claro que ha faltado presión ciudadana en el país para ejercer un cambio radical en el sistema. Por ejemplo, si observamos el comportamiento político de Estados Unidos, vemos con mucha claridad que los partidos políticos tienen una clara visión de su estrategia en salud y esa estrategia es definitoria para sus plataformas y su capacidad de atraer el voto de la ciudadanía. En México, el tema salud durante los debates políticos ha sido de poca relevancia y por lo tanto, si no cambia la actitud en la ciudadanía para demandar y exigir un sistema más equitativo, mayor inversión y mayor calidad, difícilmente veremos un sistema de salud distinto. Es momento de que todos -ciudadanía, actores políticos, el sector salud entero- subamos el tema de la salud a las mesas y espacios de debate sobre el futuro del país.

*El autor es rector de TecSalud, sistema de salud del Tecnológico de Monterrey.