El marco legal desempeña un papel fundamental en la promoción del crecimiento económico y del desarrollo. En particular, las actividades rurales aglomeran a un sector históricamente vulnerable que requiere de estructuras reguladoras eficaces para impulsar su desarrollo

El 5 de febrero de 2017 fue publicada la Constitución de la Ciudad de México, que entrará en vigor el 17 de septiembre de 2018.

Estas notas explorarán la visión de desarrollo rural plasmada en dicha Constitución y la contrastarán con enfoques de desarrollo rural de organismos internacionales.

Posiblemente, hablar de sector rural en la Ciudad de México suene a una contradicción. No obstante, de acuerdo con cifras del Inegi, en la Ciudad de México existen 632 localidades con menos de 2,500 habitantes y 18 localidades adicionales con menos de 50,000 habitantes.

Estas 650 localidades representan 98%, aunque sólo 0.5% de su población. La Ciudad de México enfrenta un reto peculiar: desarrollar su disperso sector rural, que está estrechamente relacionado y encapsulado por una gran urbe.

La Constitución Política de la Ciudad de México cuenta con dos artículos específicos de desarrollo del sector rural: el 16, que se refiere al ordenamiento territorial, y el 10, que trata de las actividades productivas de la CDMX. Empezaré por analizar el 16.

En el apartado D de dicho artículo, Ordenamiento territorial , se menciona que se promoverá las producciones primaria, agroalimentaria y artesanal así como proyectos de turismo alternativo.

En la producción primaria se fomentará la agroecología, se protegerá la diversidad biológica (...) y se estimulará la seguridad alimentaria . También se menciona que se impedirá el uso de productos genéticamente modificados, potencialmente dañinos, y que se impulsará la agricultura orgánica.

Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha propuesto adoptar un enfoque de desarrollo rural, con una perspectiva más territorial que sectorial.

Es decir, reconoce la importancia de una infraestructura adecuada de transporte y de las TIC para relacionarse apropiadamente con centros urbanos cada vez más dinámicos.

Por otro lado, la misma OCDE reconoce que la actividad primaria ha dejado de ser la actividad única en las zonas rurales; la manufactura y los servicios han cobrado una gran relevancia en los últimos años.

La agricultura requiere de cierta escala para producir de manera eficiente, la cual es complicada de adquirir en la CDMX dada su alta demanda por suelo.

La visión de la OCDE reconoce que una manera de impulsar el desarrollo de las zonas rurales es mediante la valorización de sus activos, promoviendo la empresa rural y conectando la oferta de la zonas rurales con las demandas de zonas urbanas cercanas.

Esta visión permite, a la vez, mejorar las condiciones de vida de las localidades rurales así como integrarlas de una manera apropiada con la mancha urbana.

En la siguiente columna comentaré acerca del artículo 10 de la Constitución de la CDMX y, de nuevo, lo analizaré desde perspectivas de desarrollo rural de organismos internacionales.

*Jorge Lara Álvarez es subdirector de Evaluación de Programas en FIRA. La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA .

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