Hay quien insiste en que Donald Trump se vio presidencial en su discurso ante el congreso y que Wilbur Ross, el secretario de Comercio, se veía como un tierno abuelito de traje y con pantuflas.

Pero ni el disfraz de oveja del presidente de Estados Unidos (EU) esconde al lobo, ni las cómodas pantuflas de Ross le quitan su carácter de férreo negociador y opositor jurado de los acuerdos de libre comercio.

Lo que sigue moviendo a los mercados y a los pronósticos del comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB) son las expectativas, los temores, la especulación de qué hará EU con respecto a los temas que involucran a México.

Cuando el primer descontón hacia los socios, vecinos y amigos del sur es el empecinamiento de construir una gran, gran muralla, no puede esperarse nada diferente en ningún otro terreno de la relación bilateral.

Por eso es que las autoridades comerciales mexicanas están ampliando el grosor del blindaje del equipamiento que llevarán a las eventuales renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Desde las advertencias de que no estamos mancos y que también habría con qué responder en caso de pretender abusar de México con aranceles, hasta el mensaje de que este país la puede armar muy bien en su relación con EU apelando solamente a las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Ya si el gobierno de Trump decide despreciar las reglas de la OMC, pues esa ya será otra historia. Una que, por cierto, tendría un impacto global quizá de dimensiones imposibles de calcular.

El punto es que en medio de ese ambiente es el momento que ha elegido el secretario del tesoro de Trump para enseñarnos sus tiernas pantuflas, que proyectan comodidad y un calor de hogar, el hogar norteamericano.

En una entrevista el viernes pasado con la cadena especializada CNBC, Wilbur Ross dijo que el peso mexicano puede recuperarse significativamente si México y EU alcanzan un acuerdo positivo para la renegociación del TLCAN. Si hacemos un acuerdo sensato, dijo, el peso se recupera.

Y así, en medio de este mar de especulaciones y pocas certezas, estas palabras fueron magia pura para el peso que efectivamente cumplió con la profecía de Ross de mostrar una recuperación.

Una temporal, especulativa, propia de las pizarras de los mercados que marcaban fuerte compra de la moneda nacional. Pero nada más, nada más allá de una respuesta en una entrevista.

Sin embargo, sí hay que darle el beneficio de la duda al gobierno de Donald Trump para saber si en estos 45 días de mandato han tenido tiempo de serenarse y pensar mejor que les conviene una buena relación comercial con su vecino del sur.

Ross habló específicamente de la mejora en los asuntos de reglas de origen del acuerdo, y eso no es más que una buena noticia para México porque abre la obligación de una mayor proveeduría local.

Entonces, si Ross nos prestó sus pantuflas para ponernos cómodos con el peso para el fin de semana, hay que ver si podemos pedirle también la bata de la sensatez de una negociación realmente conveniente para los dos.

Por lo pronto no hay nada en concreto.