Dentro de la trágica historia moderna de Petróleos Mexicanos, Hacienda difícilmente se puede caracterizar como un accionista responsable, comprometido con generar las condiciones para garantizar el futuro y la rentabilidad de la empresa. A pesar de ser clave para definir los presupuestos, su visión no ha sido la de un inversionista de largo plazo.

La voz de Hacienda en el Consejo de Administración de Pemex, además, generalmente ha distado de ser una de prudencia. Quizás lo haya intentado en alguna ocasión. Pero, como la evidencia reciente demuestra, no ha logrado evitar que la empresa se embarque en proyectos o transacciones absurdas.

Hacienda ha sido un duro recaudador y un blando revisor del gasto. Con Hacienda sentada en el Consejo de Administración, Petróleos Mexicanos triplicó su deuda mientras “perdía” la mitad de la producción petrolera y, al mismo tiempo, invirtió en proyectos y caprichos que lastimaron sus finanzas. Hacienda ha sido un accionista con visión cortoplacista y partidista, en el mejor de los casos. En esta narrativa, Hacienda ha sido un villano.

Esto podría cambiar. Si el secretario Arturo Herrera hace valer el plan que el subsecretario Arturo Herrera había estado delineando, Hacienda seguiría transformándose en un generoso backer que busca formas de inyectar recursos. Pero también fuertes criterios de control de gasto, como sugirió respecto a la refinería de Dos Bocas.

No es una visión cuentachiles. Bajo el plan del subsecretario Herrera, el primer paso es entender las necesidades de inversión de Pemex las cuales resurgirían como el criterio central de la discusión. A partir de ahí, ha propuesto ser claro con los límites del gasto e inversiones para poder trazar un plan que complemente las inversiones de la empresa. La Iniciativa Privada emergería como el socio natural para aportar el resto.

Hay que resistir la latente tentación del spin: buscar empatar esto con el discurso oficial de Pemex. Si seguimos siendo sinceros, ni los “nuevos” contratos de servicio ni las líneas de crédito revolventes implican inversiones privadas que realmente aumenten la base de recursos disponibles para inversión. Las líneas de crédito tienen una obligación de repago en ciertos términos que hacen que —como lo explicó Herrera— sean mecanismos de última instancia. Los contratos de servicio implican actividad e inversión sí de privados, pero soportada por el balance general de Pemex, no por encima de éste.

Si el secretario Herrera sigue siendo serio sobre la necesidad de complementar la capacidad de inversión de Pemex va a buscar que se reactiven las asociaciones estratégicas. También que se despeje, de una vez por todas, cualquier sombra de duda sobre el respeto absoluto a todos los contratos y mejores prácticas energéticas. Aquí no caben arbitrajes injustos ni rumores de arrebatos de derechos, de operación o propiedad. El espejismo retórico de imaginar que refinación es más importante para los ingresos y salud de Pemex, como el propio subsecretario Herrera ha argumentado recurrentemente, tampoco. Y también tienen que desaparecer las hipérboles: por ejemplo, en promedio, cada uno de los 20 campos prioritarios no llega ni a 20,000 barriles de producción diaria. Ésta no puede ser nuestra salvación absoluta.

Claro que llegar a este punto de transformación es más difícil de lo que algunos analistas imaginan. El secretario, a pesar de tener la plataforma más potente de todos los que participan en el Consejo de Administración de Pemex, sería minoría e iría en contra de la visión actual de la alta gerencia corporativa de la compañía.

Para ser exitoso en este esfuerzo, Herrera tiene que convertirse en un activist investor, como se entiende bajo la tradición anglosajona. Tiene que convencer a sus colegas del consejo de Pemex, y al propio presidente de la República, que hay una ruta políticamente viable que, contrario a lo que dicen los críticos sobre la actual, no implica poner en riesgo todo su programa económico. La segunda parte la tiene fácil: prácticamente cualquier institución financiera independiente ya sostiene esto mismo y respaldará sus dichos. Es la primera, la política, la que le va a costar mucho más trabajo. Aquí es donde se tiene que hacer el trabajo de activista que levanta la voz y presiona y no suelta prenda.

Es cierto que, cuando el subsecretario Herrera se movió en esta dirección, el presidente mismo lo desautorizó. Pero, ya como secretario, podría ser diferente. Si elige este camino, sin duda será difícil y controversial, plagado de riesgos políticos. Pero, en este momento, asumir el papel de inversionista pasivo conlleva riesgos mucho mayores.

PabloZárate

Consultor

Más allá de Cantarell