El sabotaje en Puebla tiene que parar pero no se ve luz al final de ese túnel. En el estado de las memelas y el mole (me pongo de pie), se siguen haciendo agujeros a la realidad de papel que muestra el presidente de la República. Esta semana en ese estado saboteado el titular del Ejecutivo mandó un mensaje de fuerza y no retorno: que nadie lo doblegará, que no habrá más saqueos, que ya no hay corrupción y que no hay marcha atrás hacia un mundo que añoran los malos que le protestan.

Pero Puebla mismo muestra un mundo distinto al que ve el Presidente. Ahí hay sabotaje, corrupción y saqueo, pero no menos que antes, sino mucho más. Ahora permítanme una digresión para llegar al punto.

¿Recuerdan la crisis que vivimos en enero de 2019 cuando nos despertamos sin gasolina? Qué rápido llegamos a otro escenario crítico; parece que el cierre de ductos, las largas filas en gasolinerías, la reventa de galones por fuera y los chats para avisar en dónde se vendía el preciado líquido forman parte de un pasado lejano, un país que era otro y una dimensión olvidada.

Yo lo recuerdo aún y recuerdo también las palabras del presidente, su llamado al sacrificio patriótico para acabar con el flagelo a Pemex, con el robo de gasolina y la sangría a una empresa que podría dar más al país. A muchos no les gustó la idea, pero muchísimos más recibieron el mensaje, se vistieron de nacionalistas pemexistas y aceptaron la falta de gasolina y la pérdida temporal de empleos.

Todo para aniquilar al huachicol.

Ahora sí regreso a Puebla. Este miércoles el titular de la Sedena informó, al lado del Presidente, que en sólo medio ciclo de año se han detectado 2,623 tomas clandestinas de hidrocarburo en ese estado.

La cifra se entregó con orgullo y con razón: es un logro en el combate al huachicol, han estado encontrando agujeritos y se celebra que hayan recuperado 1.5 millones de barriles. Pero en un mundo en el que todo ha cambiado, después del sacrificio de 2019, con pipas circulando en las carreteras, sin la corrupción de alto nivel que permitía estas sangrías y con el precio del petróleo desplomado ¿por qué hay casi 1,000 tomas más?

En 2018, en la era de los malos, se registraron 1,815 tomas clandestinas en Puebla, pero nos dirán que era el periodo neoliberal, la era de la corrupción y la información manipulada. Olvidemos 2018. En 2019, con un nuevo régimen, después de cerrar los ductos, comprar pipas, pedir sacrificios, mandar 10,000 millones de pesos a la industria militar en Puebla para crear empleos, mandar guardia nacional, cerrar la llave en las altas esferas de Pemex y combatir el huachicoleo, se registraron no menos, sino más tomas: mil 846. En todo el año. ¡Y en seis meses de este 2020 ya hay 2,623! Setenta por ciento más en medio año.

Una de tres, o la estrategia en Puebla es un fracaso y los huachicoleros se ríen, o sigue habiendo corrupción “en las más altas esferas de Pemex” (AMLO dixit), o el sabotaje en Puebla es más grave de lo que creíamos. Ha de ser eso.

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.