Era un enlace vía satélite: desde los estudios centrales de la BBC en Londres, el periodista Jeremy Paxman y desde una terraza sobre la que se divisa el Zócalo de la ciudad de México, el economista Agustín Carstens, aspirante a convertirse en Director Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El diálogo es fluido. Intenso. Carstens habla un inglés perfecto, gracias a los años que pasó en Chicago, cuando estudió en la prestigiadísima Universidad de aquella ciudad de Illinois. Su inglés también lo perfeccionó en los años que pasó en el FMI.

Pero las imágenes son impactantes: la plaza llena de peatones y afeada por los plantones de maestros y electricistas. El presentador británico destaca que sólo el gobierno de Felipe Calderón está respaldando su candidatura. El Gobernador del Banco de México no se intimida. Asegura que conseguirá más respaldos

En la disputa por la Dirección del organismo multinacional, vacante por la abrupta renuncia de su titular, el gobierno del Reino Unido tiene candidata: la ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, quien goza de una magnífica reputación, dados sus éxitos como abogada corporativa, aunque tiene el enorme defecto de no ser economista.

Es una disputa que resolverán los países de la Unión Europea y Estados Unidos. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, dejó en claro que la administración de Barack Obama no cuenta todavía con un candidato, pero leal a su vena feminista expresa –a título personal– que le encantaría que una mujer estuviera al frente del FMI.

Los ingleses prefirieron a la ministra francesa por encima del exprimer Ministro, Gordon Brown, un peso pesado al que su pasado condena. Después de entregar el poder, justo hace un año, se vio obligado a retirarse de la vida pública. Refugiado en Glasgow, preparó un libro sobre lo que denominó La primera crisis de la globalización, que no es otra que la debacle de los mercados financieros del 2008.

La publicación –que comenzó a circular a principios de diciembre– ha sido muy exitosa, no sólo por su contenido; también porque propició una especie de humildad en Brown, quien junto con Tony Blair hizo posible el ascenso electoral del Nuevo Laborismo y el reposicionamiento de los liberales ingleses, después del predominio tatcherista de finales de los 80.

El libro ha adquirido particular relevancia por la reciente situación registrada en Irlanda y otros países de la Unión Europea, como España y Grecia. Brown ha pronosticado otra seria crisis para el euro a registrarse a principios del 2011, criticando el apoyo que se ha dado de manera aislada a los países que han enfrentado problemas económicos.

A pesar de su terrible derrota electoral, a Gordon Brown se le reconoce su rigor económico, además del contacto permanente que mantiene con diversos líderes políticos. Finalmente, sin los reflectores del poder, ha mostrado mayor margen para hablar de temas que antes le resultaban prohibidos.

El libro de Brown no tiene desperdicio, de acuerdo con una reseña del mismo que nos compartió la doctora Susana Berruecos García Travesi, politóloga mexicana de altos vuelos, quien actualmente reside en Londres. Narra que en el verano del 2008 el entonces Primer Ministro dimensionó la gravedad de la crisis del sistema bancario británico.

Preparado para renunciar si su plan no funcionaba, Brown anunció así la recapitalización más grande que se ha dado en la historia bancaria británica. El resto es historia

En palabras de Gordon Brown, su libro ofrece la historia, desde sus entrañas, sobre la crisis financiera que impactó al mundo entero. Si las decisiones correctas no hubieran sido tomadas por líderes en distintas partes del mundo, podríamos haber enfrentado una depresión económica mundial que nos hubiera regresado al proteccionismo, desempleo, extremismo e inestabilidad política de los 30 El mundo nunca había enfrentado un reto económico global tan complejo como el que se presentó entonces .

El formato de esta contienda, claramente, es europeos contra no europeos; el fiel de la balanza, paradójicamente, es Estados Unidos. Si Carstens lograra concitar el apoyo del gobierno de Barack Obama, todo se resolvería en su favor.

EFECTOS SECUNDARIOS

SIN PRECEDENTES. Ayer, el pleno de la Sala Superior de la Suprema Corte de Justicia de la Nación dirimió una disputa entre la Primera Sala de la Corte y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Se trata de la resolución de la contradicción de tesis 6/2008, cuya materia de estudio se concentró en determinar si un ciudadano, al cual se le dictó auto de formal de prisión, debe o no ser suspendido en sus derechos político-electorales de votar y ser votado, no obstante que la ley le autorice a dicho ciudadano no ser privado de su libertad. En última instancia, los ministros determinaron que la suspensión de los derechos político-electorales del ciudadano en tales casos sólo tiene lugar cuando el procesado esté privado de su libertad, porque ello le imposibilita físicamente a ejercer esos derechos. El asunto analizado en la Corte surgió a partir de la resolución del Tribunal Electoral que determinó, en virtud del principio de presunción de inocencia, que la suspensión de derechos políticos no debe imponerse mientras no se dicte sentencia condenatoria.