Desplegar una potencia

que no cause envidia .

Wong Li

Entre enero y marzo del 2011, el Banco de México compró 100 toneladas de oro. Una adquisición de peso. Pero, nadie tuvo que cargar esa tremenda cantidad de metal precioso, lo que hubiese sido por demás fatigoso, ni hubo que trasladarse bajo un dispositivo de seguridad impensable a las bóvedas del banco central en la esquina de 5 de Mayo y la antigua calle de Niño Perdido. Por las noches, ese punto del Centro Histórico no despedirá un brillo áureo que en aparatos especiales podría ser recogido por los alquimistas y, luego, reconvertido en monedas contantes y sonantes. Nada de eso. Lástima. Sólo se recibió una ligera factura electrónica. El oro vuelto virtual.

La primera razón de esa compra es obvia, el oro está subiendo de precio, mientras el dólar, moneda reina, se devalúa. Sin embargo, justo al siguiente día el oro bajó. Todo lo sólido se desvanece en el aire , escribió Marx viendo a lo lejos la globalización.

La segunda es lógica, diversificar las reservas. Ese día, miércoles de la semana pasada, México fue enlistado en el lugar 33 de los países compradores de oro, muy lejos, claro está de China, Rusia o India.

El oro tiene una larga historia. Los más antiguos indoeuropeos la iniciaron. En la Iliada, Aquiles y Héctor se protegen con armaduras de oro y su casco atrae la luz del sol. Aquiles mata a Héctor. El talón de Aquiles, dejado al descubierto por cuestiones de movilidad, marca el punto de muerte de la flecha lanzada por Paris. Siguen cuentos y leyendas. Creso, rey que todo lo convierte en oro. Luego, alquimistas que buscan la piedra filosofal, a cuyo contacto las cosas se transforman en oro puro.

El oro fijó el valor de las economías y las monedas. Así fue hasta julio de 1944, cuando la Conferencia de Bretton Woods hizo desaparecer el patrón oro. Desde entonces, el oro se cotizaría en dólares, y sobre esa base se dio la gran expansión mundial, del 45 hasta mediados de los 60 del siglo XX, encabezada por Estados Unidos.

La globalización echó abajo el sistema Bretton Woods en 1973. La competitividad de las economías fijaría las paridades monetarias.

Ahora se está en la lucha por la paridad. El dólar devaluado incita a cubrirse en oro. Pero, la incertidumbre sigue.