La semana pasada ocurrieron dos eventos de importancia capital para el sector telecomunicaciones en México. Primero, el reporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que no deja títere con cabeza y desnuda de cuerpo entero al pobre diseño institucional de nuestros órganos reguladores. Tal fue el impacto de sus datos que, al día siguiente, el ingeniero Slim convocó a una rueda de prensa para descalificarlo y desde entonces Telmex y Telcel pagan desplegados en los principales periódicos con sus propias cifras. Y no es para menos, los datos son para escandalizar a cualquiera.

La OCDE refiere la altísima concentración en telefonía fija y móvil, donde Telmex tiene 80% del mercado y Telcel, 70%, respectivamente. La deficiente competencia coloca a México en los últimos lugares de la OCDE, tanto en penetración como en inversión per cápita, y el costo promedio anual por pagos excesivos llega a 13,400 millones de dólares al año.

Sin embargo, lo más preocupante es la demoledora conclusión de la OCDE sobre nuestros órganos reguladores. En su opinión, tanto la Comisión Federal de Telecomunicaciones como la Comisión Federal de Competencia (CFC) actúan como frentes que bloquean la competencia, estableciendo barreras artificiales a la entrada de nuevos competidores en mercados con alta concentración, como lo es el de la telefonía móvil. Exactamente lo contrario a lo que la ley los obliga.

Y aquí es donde el reporte de la OCDE se enlaza con el segundo gran evento de la semana pasada: la resolución de la CFC mediante la cual bloquea la inversión de Televisa en Iusacell por 1,600 millones de dólares. Recordemos que Iusacell detenta 4% del mercado de telefonía móvil, Televisa no tiene inversión alguna en el mismo y la falta de competencia en este mercado nos cuesta 13,400 millones de dólares al año.

Sin embargo, contra toda lógica, la CFC bloqueó la competencia en el mercado de telefonía móvil analizando las condiciones de competencia en otros mercados que nada tienen que ver con él. Así, la CFC analizó los mercados de televisión abierta y restringida.

La CFC bloqueó la inversión de Televisa en telefonía móvil, donde no tiene participación alguna, bajo el peregrino argumento de que Televisa y Televisión Azteca, al ser socios en telefonía móvil, se pueden poner de acuerdo para fijar precios en el mercado de spots publicitarios en televisión abierta. Esto es absurdo por dos motivos: (i) Televisa no necesita invertir 1,600 millones de dólares para sentarse en la mesa con Televisión Azteca, y (ii) si Televisa y Televisión Azteca se pusieran de acuerdo para fijar el precio de los spots publicitarios estarían cometiendo un delito per se, el día de hoy ya prohibido y ya sancionado. Es decir, la absurda resolución de CFC no añade nada ni prevé nada adicional a lo que ya se tenía.

Por lo que hace al mercado de televisión restringida, la CFC concluye que la inversión de Televisa en Iusacell permitiría (i) fijar precios en la venta de canales de televisión abierta o (ii) desplazar a empresas de televisión restringida por la negativa de abasto de canales de televisión abierta. Para soportar su dicho la CFC indica que Televisa y Televisión Azteca son propietarios de equipos de futbol y los partidos de este deporte son el contenido más relevante para la televisión. ¡#WTF!. ¿Y la telefonía móvil, apá? ¿No era de eso de lo que estábamos hablando?

En fin que, por intereses que no acabo de entender, la CFC al analizar una inversión en telefonía móvil que permitiría fomentar la competencia con Telmex y Telcel y matizar los gravísimos datos dados a conocer por la OCDE, se pone a disertar sobre el precio de los spots publicitarios en televisión abierta o la importancia del futbol en la vida nacional. Hasta donde sé, no hay queja entre los anunciantes de televisión abierta ni entre los aficionados al futbol. Por el contrario, según la OCDE, la falta de competencia en telefonía fija y móvil nos cuesta directamente 13,400 millones de dólares. Entonces ¿qué es lo que pretende la CFC? ¿Para quién trabaja?

Sólo un mensaje me quedó claro al analizar la resolución de la CFC: el respeto al monopolio ajeno es la paz.

El autor es Presidente del Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones AC, catedrático de la Universidad Iberoamericana AC, y Consejero del Consejo Consultivo de la Comisión Federal de Telecomunicaciones. Las opiniones vertidas en el presente artículo se emiten a título personal y no representan la postura de las instituciones antes indicadas.