No resulta extraño que estén apareciendo utensilios prehispánicos y coloniales en la desecación del lago de Texcoco ya que, en sus riberas, desde hace miles de años, se establecieron centros de población cuyo principal medio de comunicación era la navegación en balsas. Esto facilitaba el depósito de ofrendas a las deidades del agua.

Nada indica que en donde se construye el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México existan edificaciones precolombinas que pongan en riesgo la continuidad de la obra, ya que no era tierra firme. Los islotes más cercanos eran los de México, Iztapalapa e Iztacalco. Por ello, la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, esta ocasión no paralizará el proyecto, como lamentablemente ha sucedido en muchos casos.

No vayamos lejos. Existen reportes de que hace poco más de una década inició la construcción de una popular tienda de muebles y enseres domésticos en la esquina de las calles Juárez Sur y Allende, en el centro de Texcoco, Estado de México. Al iniciar las excavaciones se encontraron vestigios arqueológicos. La obra se canceló, el predio fue cercado y hoy yace en el abandono. Se dice que sucedió lo mismo al pretender construir un centro comercial en otro predio de esa ciudad.

Cerca de ahí, en Teotihuacán, hace un par de años algunos empresarios intentaron instalar una rueda de la fortuna monumental, lo cual pudo incentivar aún más el turismo, pero lo impidió el entramado legal. Todo quedó en una excelente pero inviable idea.

Las leyes deben ser factor de desarrollo. Todo apunta a que es necesario hacer una revisión legislativa del tema y tomar como referente las experiencias de otros países.

En Málaga, España, se encuentra el museo Casa Natal de Picasso, donde los visitantes pueden apreciar algunas de sus más reconocidas obras. Nadie imaginaría que en el sótano de la finca se exhiben los maravillosos restos de una torre fenicia de fines del siglo VI a.C., así como piletas romanas de los siglos III al V y otros extraordinarios y antiquísimos objetos.

En aquella región, múltiples edificios modernos integran y exhiben yacimientos arqueológicos descubiertos durante su construcción. Así lo permite la Ley de Patrimonio Histórico Español, la cual dispone que la conservación, mantenimiento y custodia puede estar a cargo de sus propietarios o poseedores; es decir, brinda a los particulares la oportunidad de participar en el rescate y cuidado de los bienes, e incluso usarlos para fines culturales y turísticos. ¿Es muy difícil hacer algo semejante en México?

Desafortunadamente, optamos por mantener nuestras riquezas enterradas, en el abandono y expuestas al saqueo, antes de impulsar ejercicios de confianza con los ciudadanos. Nos hemos negado a hacer de nuestra historia un patrimonio compartido y que el capital privado coadyuve para realizar los rescates necesarios, bajo el control y supervisión de la autoridad.

Estamos ante los vestigios del antiguo oficialismo mexicano, en el que se pretende que todo es de todos y somos dueños de nada.

Debemos sacar el mayor provecho educativo, cultural, económico y social de nuestra herencia milenaria, a partir de las circunstancias que vivimos, con una visión moderna y pensando en el futuro.

@Ernesto_Millan

Ernesto Millán

Columnista

Molinos de Viento

Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México. Maestro en Dirección y Gestión Pública Local por la Unión Iberoamericana de Municipalistas. Ha ocupado diferentes cargos en gobierno federal, estatal y municipal por más de 20 años. Es Secretario Técnico del Consejo Consultivo de la Federación Nacional de Municipios de México (Fenamm) y Consejero Jurídico de la Comisión Unidos Contra la Trata A.C.