Algunos perciben el rescate como otra oportunidad desperdiciada para resolver los problemas de Europa.

El préstamo otorgado es directo a España y la responsabilidad del pago es del gobierno.

Durante el fin de semana, la Troika, compuesta por la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE), anunció un plan de rescate por 100,000 millones de euros para el sistema bancario español.

La reacción de los mercados al anuncio ha sido bastante ambivalente, ya que mientras algunos observadores ven el rescate como un paso necesario para restablecer la confianza en el sistema bancario español, evitando una posible corrida bancaria, algunos lo perciben como otra oportunidad desperdiciada para resolver de manera más contundente los problemas de raíz que aquejan a Europa.

Primero, analicemos la parte positiva del plan de rescate –aunque el gobierno español se empeñe en no llamarlo un rescate, a los ojos de todo el mundo, el plan anunciado constituye un rescate.

El plan dará acceso al gobierno español a recursos del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF) o el Mecanismo Europeo de Estabilización (Mede) por hasta 100,000 millones de euros en condiciones muy favorables de tasa. El monto parece dar suficiente margen de maniobra para cubrir las posibles necesidades de capital del sistema bancario español, que el gobierno había estimado en 45,000 millones de euros pero que podrían ser revisadas a casi el doble una vez que los especialistas privados contratados concluyan sus auditorías.

La decisión sobre la bolsa de dinero que utilizará la Troika para otorgar el préstamo a España no es trivial. Si los fondos vienen del FEEF, el tratamiento del préstamo es pari passu con el resto de la deuda española. Pero si los fondos vienen del Mede, entonces, el resto de la deuda soberana de España queda subordinada a este préstamo del Mede. Por supuesto, Alemania prefiere que los recursos vengan del Mede; sin embargo, esta subordinación implícita resta valor a la deuda soberana española y afecta a varios tenedores de deuda, incluyendo a los propios bancos que se pretende rescatar.

La desilusión más grande del anuncio es que el rescate no se implementará como una capitalización directa del FEEF a los bancos españoles, sino que estamos hablando de un préstamo al gobierno español, que a su vez será responsable, a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, de inyectar los recursos a los bancos. En pocas palabras, el préstamo otorgado por la Troika es un crédito directo a España y la responsabilidad del pago no es de los bancos, sino del gobierno y, por lo tanto, del contribuyente español.

Esto último no ayuda para nada a mejorar la situación fiscal de España ya que su deuda total estará aumentando como consecuencia del rescate.

El gobierno español utilizará la nueva línea de crédito para sanear a los bancos mediante inyecciones de capital, convirtiéndose en el nuevo dueño de los bancos que tienen que ser saneados a través de una nacionalización parcial de la banca. El gobierno español buscará, en el mediano o largo plazo, vender su participación en los bancos nacionalizados para recuperar los recursos invertidos (al estilo del Tesoro en EU con sus inversiones en los bancos de ese país) -con una ganancia o una pérdida, dependiendo de las condiciones de mercado- y pagar el crédito otorgado por la Troika.

Para algunos expertos, como el reconocido economista español de la Universidad de Columbia en Nueva York, Xavier Sala-i-Martín, las autoridades europeas han perdido una gran oportunidad para separar el problema fiscal del problema bancario. Para Sala-i-Martín, Europa tuvo la oportunidad de poner fin a la crisis financiera de España mediante la recapitalización directa a los bancos con dinero del fondo de rescate.

En lugar de hacerlo, se ha creado una nueva línea de crédito que aumenta la deuda soberana de España y no separa lo fiscal de lo financiero . Para Sala-i-Martín, España sigue siendo un pez que se muerde la cola .

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