La recuperación de GM, Ford y Chrysler explica una parte fundamental de la recuperación de la economía mexicana.

General Motors (GM) estaba al borde de la quiebra en el 2007. En cuatro años dio la vuelta en U. En el 2011 recuperó el liderazgo de la producción mundial de manos de Toyota y rompió su récord de ganancias. Ayer anunció utilidades de 7,600 millones de dólares, derivadas de ventas de 150,000 millones de dólares.

La recuperación de GM es la muestra más clara de que la industria automotriz de EU está de regreso. Los balances contables ratifican lo que están diciendo los especialistas respecto de los automóviles estadounidenses: han ganado en calidad y competitividad frente a sus principales rivales.

En el 2011 tuvo la ventaja de que sus competidores se encontraron con problemas. Las firmas japonesas, Nissan, Honda y Toyota sufrieron la ruptura de sus cadenas productivas por el tsunami. Los europeos padecieron una fuerte caída del mercado continental.

El resurgimiento de GM no es un hecho aislado. Lo confirman los resultados de sus vecinos de barrio. Ford lleva 12 trimestres consecutivos con ganancias operativas. Chrysler tuvo a finales del 2011 su mejor trimestre desde que emergió de la bancarrota en el 2009. Las buenas notas que ofrecen los tres Grandes de Detroit son la culminación de procesos de reestructura que costaron sangre, sudor y lágrimas. Entre el 2006 y el 2010, las tres corporaciones ejecutaron 120,000 despidos y cerraron decenas de plantas en Estados Unidos. En ese periodo renegociaron el contrato colectivo y bajaron el sueldo promedio de sus trabajadores en EU, desde alrededor de 75 dólares por hora hasta 50 dólares.

La salvación de las grandes automotrices ha venido acompañada de algo parecido a una crisis de identidad. Los apoyos multimillonarios del gobierno han llevado a los liberales más puros a preguntarse qué tanto sigue siendo una industria privada. Hay que recordar que el gobierno de Estados Unidos tiene 30% de GM y un poder de veto sobre algunas de las grandes decisiones de la industria.

En esta crisis de identidad, otra cuestión complicada es qué tan estadounidense sigue siendo. El hecho es que la reinvención y el salvamento de Detroit sólo pudo producirse gracias a la transferencia de algunos de sus procesos a otros países, que garantizan menores costos laborales y misma calidad.

México ha sido parte fundamental de esta resurrección. GM y Ford han invertido más de 5,000 millones de dólares, cada uno, en nuestro país en los últimos cinco años. En ese mismo periodo Ford multiplicó por 15 sus compras de autopartes en México (llegaron a 8,000 millones) y GM se consolidó como un proveedor de soluciones de ingeniería automotriz. Chrysler ha apostado también muy fuerte por México, sobre todo en el Estado de México y Coahuila. La recuperación de las tres grandes de la industria automotriz estadounidense explica una parte sustancial de la recuperación en México. Nuestras cifras del PIB y el empleo serían muy diferentes si hubiera quebrado GM, Ford o Chrysler.

El renacimiento de Detroit es una excelente noticia para México, aunque la película no ha llegado al final. La competencia global es creciente y en los próximos años veremos la irrupción de fabricantes coreanos, chinos e indios. Lo bueno es que México tiene un pie en el futuro de esta industria. Es mucho más de lo que podemos decir en otros sectores, como el energético, por ejemplo.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx