Tenemos una victoria sostenida por dos gobernadores del cuño tricolor. Tanto Miguel Riquelme como Omar Fayad debían, por obligación, pasar con buenas notas la frontera electoral que, acotada al ámbito local, puso frente a ellos un duro examen que amenazaba con reprobarlos.

Existen dichos que entrañan una sabiduría infinita. Por citar uno aplicable a este reciente acontecer electoral, reza que “en la política, lo único seguro es lo inesperado”. Así, hemos visto una jornada electoral en Coahuila e Hidalgo que deja resultados engañosos, susceptibles de ser analizados con una potente lupa para tener una visión objetiva que no festine en la derrota de Morena o, en su caso, no se vuelque con irracionalidad al festejo acelerado del PRI. Aun cuando sí es cierto, el golpe electoral que da el tricolor a sus adversarios se ejecuta con un guante repleto de canicas. Es un estridente despertador que no dudo que pone en estado de alerta al partido pintado de guinda, el cual mal haría en seguir en ese desperdicio de tiempo que ahora apremia para su definición y organización con visos de un partido consolidado en su operación electoral.

En un primer término tenemos una victoria sostenida por dos gobernadores del cuño tricolor. Tanto Miguel Riquelme como Omar Fayad debían, por obligación, pasar con buenas notas la frontera electoral que, acotada al ámbito local, puso frente a ellos un duro examen que amenazaba con reprobarlos. El caso particular de Coahuila era más que imperativo el transitarlo con éxito para el ejecutivo estatal; un gobernador, apegado a un núcleo rebelde como lo son los pertenecientes a la Alianza Federalista, no podía quedarse sin fichas políticas para seguir sentado en la mesa de juego.

En el caso de Omar Fayad, su próxima conclusión de encargo, por igual no podía dejarlo con una manifiesta debilidad causada por malos resultados electorales. Lo que al margen de la debida legalidad con la que tuvieron que actuar los gobernadores, lo cierto es que el PRI es una institución política diseñada desde su origen para la conservación del poder desde el poder. Se mimetiza cual camaleón entre las estructuras y cuando hay voluntad e interés de un jefe del ejecutivo estatal que tenga la misma preferencia partidista, existe una alta proclividad de éxito.

En un ecosistema electoral donde sólo participó un promedio de 44.17% de ciudadanos en el ejercicio democrático, aquellos partidos que cuentan con una ordenada estructura de promoción y movilización al voto llevan, como el PRI, una considerable ventaja ante aquellos que siguen en la reyerta interna. Por otra parte, no hay duda de que ejercer el poder desgasta. Ahí va implícito, aunque a mi parecer, no definitorio, un voto de castigo hacia el partido del presidente.

¿Será este episodio el símil de la política de la novela de Michael Punke? ¿quién renace como Hugh Glass hacia la venganza después de este episodio: un Morena aleccionado y operante en lo electoral o un PRI que ha coleccionado actas de defunción que al menos hoy le sirven como papel para reciclaje?

Twitter: @gdeloya

Guillermo Deloya Cobián

Analista en temas de política

A media semana

Guillermo Deloya Cobián es oriundo de Puebla, licenciado en derecho, con especialidad en derecho fiscal, maestro en economía y gobierno y doctor en planeación estratégica y políticas de desarrollo. Actualmente cursa la maestría en escritura creativa en la Universidad de Salamanca.

Es articulista y comentarista en diversos medios de comunicación nacionales y locales, ha publicado ocho libros, además de diversos ensayos en temas que van desde lo económico, político y jurídico, hasta una novela histórica ubicada en el siglo XVIII.

Es comentarista y analista en temas de política, economía y jurídicos en ADN40.

Ha desarrollado una constante actividad docente como profesor universitario tanto en Puebla como en la CDMX.

Cuenta con una trayectoria en el sector público de veintiocho años donde ha ocupado cargos en los ámbitos federal y estatal, en la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, en la Procuraduría General de la República, en la Secretaría de Hacienda y Crédito Pública, en el Consejo de la Judicatura Federal y el Gobierno del Estado de Puebla, fue Coordinador del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal, INAFED, de la Secretaría de Gobernación y ha ocupado diversos cargos partidistas.