Este fin de semana se celebró el ya famoso Buen Fin, que consiste en una venta especial que intenta incentivar el consumo antes de que termine el año. En principio fue un evento menos publicitado que en ocasiones anteriores, aunque sin duda varios comercios aprovecharon para poner sus anuncios en distintos medios de comunicación.

Muchas veces he decidido quedarme en casa para evitar tentaciones. Sin embargo, esta vez acudí a un centro comercial el sábado y fui también a hacer mi súper de la semana. Quise aprovechar algunas de las promociones, no tanto de los comercios, sino de mi banco (un reembolso atractivo, sin límite, en compras realizadas en una sola exhibición en comercios participantes, no a meses sin intereses). Me pareció perfecto porque en realidad no me gusta comprometer mi flujo de efectivo pagando en mensualidades cuando no lo requiero.

Aunque yo esperaba ver muchísima gente, en realidad no fue así. Para mi sorpresa, el flujo era como en cualquier otro fin de semana en los lugares a los que acudí. Quizá en otras zonas de la ciudad la experiencia fue distinta. Lo que sí había eran demostradores y vendedores de distintas marcas, así como “paquetes” promocionales, particularmente de equipos electrónicos y electrodomésticos.

Esta vez también aproveché para adelantar algunas compras navideñas y también para comprar una computadora portátil que necesito para el trabajo. Este tipo de productos prefiero adquirirlos en línea, particularmente en comercios que tienen una descripción detallada de los mismos (más información de la que me puede dar un vendedor en una tienda) y donde puedo comparar para obtener el mejor costo-beneficio.

Antes de hacerlo, aproveché mi visita a un centro comercial para revisar y ver físicamente distintas alternativas. Me llevé los modelos y precios, con tranquilidad en casa busqué y pude comparar los que me habían gustado. Encontré así mejores ofertas y precios.

Esta vez me pasó algo interesante: ya sabía qué iba a comprar y tenía un presupuesto para ello, pero pude adquirir algunas cosas adicionales sin salirme del mismo, gracias a los descuentos y promociones. Todo en la medida de mis posibilidades. Eso me resultó muy satisfactorio.

Ahora bien, aunque no había tanta gente como otros años, la gente sí compró. Habrá que esperar las cifras oficiales, pero se veían personas cargando varias bolsas o llevándose pantallas planas y artículos de alto valor al coche (que son los productos más vendidos durante estos días). Me imagino que la enorme mayoría habrá aprovechado las promociones a “meses sin intereses” y terminará de pagar esos consumos en un año (o más).

A lo largo de los años, muchos lectores me han compartido sus experiencias durante el Buen Fin. Algunos me cuentan que prefieren aprovechar una ciudad semivacía para ir a museos, parques y divertirse con la familia. Otros me han descrito las penas que pasaron durante los meses posteriores para pagar compras que excedieron su capacidad. Lo importante es aprender de las experiencias para no repetirlas.

Particularmente a mí no me gusta vivir endeudado ni con el agua al cuello. Ninguna compra me puede dar la satisfacción de largo plazo que compense el estrés financiero que eso representa. Es mucho mejor planear y comprar lo que uno pueda pagar, sin que le cause ningún desequilibrio.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com