Solamente con confianza se fortalecerá la esperanza.

Es imposible ir por la vida sin ?confiar en nadie; es como estar preso ?en la peor de las celdas: uno mismo.

Graham Greene (1904-1991)

En el último trimestre del 2015 y en estas primeras semanas del 2016, viajé por ocho entidades del país y visité empresas sociales con el objetivo de concretar acuerdos de cooperación entre éstas y empresas privadas, en el marco del programa de Fortalecimiento a la Empresa Social impulsado por la Fundación del Empresariado en México (Fundemex), el brazo social del CCE.

La visión del programa es generar confianza y cooperación entre los sectores privado y social para reducir la pobreza. El reto no es fácil, los líderes de las empresas sociales desconfían de que medianas y grandes empresas los apoyen sin retribución alguna. Algunas empresas privadas se muestran escépticas de que las empresas sociales cumplan los planes de trabajo.

La desconfianza es la raíz de muchos problemas de nuestro país, las siguientes cifras lo ejemplifican:

De acuerdo con el estudio Latinobarómetro del 2015, México es el último lugar en satisfacción ciudadana con la democracia en la región latinoamericana. Conforme a esta encuesta, realizada en 18 países de América Latina y el Caribe, apenas 19% de los mexicanos cree en el funcionamiento de la democracia en el país, muy por debajo de 37% promedio a nivel regional.

Gran parte de ello se deriva de la pérdida de confianza en las instituciones. Ninguna de las 17 instituciones que midió Consulta Mitofsky en la Encuesta México Confianza en las Instituciones 2015. Encuesta de Viviendas incrementó su confianza, todas disminuyeron respecto del año pasado, destacando la caída de cinco décimas de los bancos y de los diputados. Las empresas se ubican en un nivel medio, con una calificación de 6.5 en una escala del uno al 10.

Las organizaciones no gubernamentales tienen un nivel de confianza ciudadana de 34%; las que tratan las adicciones cuentan con la aprobación de poco menos de 33% de la población; las organizaciones vecinales tienen 32% de la confianza de los mexicanos, mientras en los empresarios alcanza sólo 27 por ciento. (Encuesta Informe País. INE/Colegio de México 2014).

Ni siquiera los jóvenes confían en los propios mensajes de Twitter que envían. La fe en los twits es sólo de 6.1 en una escala del uno al 10, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Valores en la Juventud 2012, realizada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y el Instituto Mexicano de la Juventud.

La falta de confianza en los beneficios de las reformas estructurales, pasando por las limitadas asociaciones público-privadas hasta la incredulidad originada por la detención del Chapo Guzmán, nos hace el país de los escépticos. El escéptico vive en desconfianza y en desesperanza.

Sin confianza, por lo menos la esencial, es muy difícil que el país y las comunidades tengan logros relevantes en reducir la pobreza, en mejorar la calidad educativa o en la aplicación de la justicia.

A su vez, no habrá resultados si no existen acuerdos, agendas y cooperación basados en la confianza y en el cumplimiento de los compromisos de cada actor.

En su discurso de toma de protesta como presidente del CCE, Juan Pablo Castañón refirió: Para que las empresas florezcan y, más aun, para que las personas nos desarrollemos, reitero que necesitamos un entorno de confianza y certeza. Confianza entre nosotros mismos, confianza en nuestras instituciones, confianza en el respeto a la ley y sus consecuencias... .

Es imprescindible utilizar nuestra creatividad y voluntad para romper el círculo vicioso del egoísmo, de la frustración, del cortoplacismo. Es fundamental el rediseño de los programas de educación cívica. Fortalecer a la ciudadanía debilita el individualismo y genera diálogo, el cual impulsa la confianza.

Un propósito para este 2016 es llevar a cabo acciones concretas que mejoren la confianza en el país:

El gobierno debe combatir la impunidad y la corrupción además de aplicar la ley a todos por igual. Los empresarios deben profundizar en sus acciones de responsabilidad social empresarial, de innovación social y promover oportunidades de desarrollo humano.

Las organizaciones, el quinto poder, deben trabajar más eficientemente en causas genuinas y ser muy transparentes en la aplicación de los recursos. Las personas deben comprometerse a respetar a los demás para mejorar la convivencia, a cumplir las leyes y a no ser corruptos.

Sólo con confianza se fortalecerá la esperanza.