Al Presidente del empleo le quedan escasos dos meses de chamba y mucha energía como para que el actual sea el último trabajo de su vida. Recordarán ustedes que Josefina Vázquez Mota cuando era candidata de Acción Nacional le hizo la invitación, en caso de ganar la Presidencia, a colaborar con su gobierno como Procurador de la República y Felipe con mucho gusto aceptó. Al perder Josefina, Calderón se quedó con las ganas.

Activo como es, ni siquiera ha pensado en la posibilidad de un año sabático, él desea continuar en la brega sin interrupción alguna. Tal vez ese deseo haya motivado su intento por tener predominio al interior del PAN -jugar al Jefe Máximo en opinión del senador Javier Corral. No lograda, al parecer, su tentativa partidista que proponía, para empezar, hacer una urgente refundación del panismo, el Presidente que, inexorablemente, va de salida, busca chamba, como miles de mexicanos, en el extranjero. Concretamente en Estados Unidos (pagan bien y no está muy lejos).

Según una nota publicada en agosto pasado por el diario The Dallas Morning News, el Mandatario mexicano se había reunido un par de veces con el presidente de la Universidad de Texas en Austin (UTA), William Powers Jr., con el objetivo de negociar su posible contratación como profesor de la precitada institución.

Reprobado

El pasado septiembre en un evento organizado por el Centro Mexicano y el Instituto de Educación Latinoamericana Teresa Long de la Universidad de Texas en Austin, al que asistieron funcionarios mexicanos como el secretario de Gobernación, Alejandro Poiré; el magistrado del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), Manuel González Oropeza, y el consejero del Instituto Federal Electoral (IFE), Benito Nacif; una treintena de estudiantes manifestaron su rechazo para que Calderón Hinojosa sea parte de su plantilla de profesores. Giulianna Zambrano, estudiante de la UTA que estuvo en la manifestación, expresó al periódico universitario The Daily Texan: Calderón debe quedarse en México para resolver los problemas que ha causado antes de que llegue a Estados Unidos .

Craig Adair, de la Coalición de Austin por los Derechos del Inmigrante, comentó sobre la incorporación de Calderón al aludido centro escolar: Habría una reacción muy fuerte si le ofrecen un puesto de profesor tanto de parte de estudiantes como de exalumnos . (Sobre todo si alguno de estos últimos aspira a un puesto docente).

Según reportó el blog en español Voces del sitio de noticias The Huffington Post se elaboró y comenzó a circular una carta pública de petición a William Powers para que no le ofrezca el empleo de maestro al actual Presidente mexicano. La meta de tal misiva es reunir 500,000 firmas de apoyo. Argumentan en la petición que Calderón es responsable de más de 80,000 muertes que, irrespetuosamente, el gobierno llama daños colaterales, entre ellas de 1,000 menores de edad. (No citan la fuente informativa de las cifras). Su estrategia fue un fracaso en el que se perdieron vidas inocentes y ahora quiere abandonar el país que dejó en terribles condiciones , indica el documento que ya está colocado en el sitio Change.org y que al cierre del pasado martes llevaba colectadas un poco más de 2,000 firmas electrónicas. (Tienen 58 días para reunir las 498,000 firmas que faltan para completar la cantidad objetivo, de otra manera el ilustre michoacano será contratado).

Los motivos

Independientemente de cuál sería la cátedra que el profesor Felipe Calderón podría impartir, creo que las protestas generadas entre el estudiantado de la institución educativa aludida obedecen al temor de que el expresidente llegue con la espada desenvainada contra el consumo de drogas y prive a los escolapios -y a algunos maestros- estadounidenses de sus toquecitos, de sus liniecitas y demás formitas de consumir drogas. Entre sus probables alumnos se va a comentar que soportar al mexicano -con su mal inglés incluido- en sus cinco sentidos está de la fucked up. (Antes de declarar lo anterior deberían de considerar que dadas su preferencia hacia la Marina, don Felipe puede resultar un maestro barco).

Para la próxima clase quiero que todos traigan la mayor cantidad posible de armas que tengan en su casa -pide el profesor Calderón. Entre más traigan, mejores calificaciones tendrán -añade.

Para quedar bien con su nuevo profesor, la mayoría de los alumnos saquea los clósets y armarios -he ahí el origen del nombre de este mueble- de sus padres para juntar armas, algunos ya tienen las propias -regalo de Santa Claus cuando todavía creían en el vejete. Para la siguiente clase se junta un verdadero arsenal en la clase. El que menos, llevó un revolver -en la creencia que con eso alcanzaría la mínima calificación para pasar. Otros, los más belicosos, con la certeza de que el teacher pidió las armas para organizar unas guerritas contra los de otro salón llevan hasta bazucas.

El alumnado no da crédito cuando el profe recoge y confisca el armamento. Les sugiero -aconseja el preceptor- que, como en la novela de Ernest Hemingway, de una vez digan Adiós a las Armas.

Oiga maestro -dice uno de los afectados- ¿por qué no nos dijo que se trataba de un armatón -especie de juguetón para adolescentes gringos-? Si he sabido que las armas eran para los pobres -se queja una alumna- no hubiera traído el AK-47 que me regalaron mis papás en mis 15 años. Eso pasa por su mal inglés.

Pero los alumnos no están dispuestos a perder el armamento familiar o propio nada más porque sí. Se comunican con sus daddies y éstos hacen lo propio entre sí. Al poco rato, están en el salón, rápidos y furiosos, siete u ocho miembros distinguidos de la Asociación Nacional del Rifle, cuya misión -que cumplen en menos de lo que se los cuento- es recuperar la artillería. Ya de salida uno de los raudos y encabronados papás avienta una granada cuya explosión causa que el techo del recinto universitario le caiga encima al catedrático. Otro de los padres regresa para poner una manta en la que se lee: To teach you to respect us .

El adjunto

Pero el eminente pedagogo, Calderón Hinojosa, no tendría tantos problemas si pudiera disponer de un buen instructor adjunto. Propongo para este cargo al ingeniero Genaro García Luna. No sólo sería de gran ayuda en la defensa de su actual jefe sino, por lo que se lee en el reportaje Academia de mañas escrito por la aviesa y traviesa reportera Patricia Dávila -señor ingeniero, ¿qué espera para demandar a esa calumniadora?- en la revista Proceso que esta semana circula, serviría también para conseguir algunas entradas extras de dinero al aplicar en la UTA los métodos que sus subordinados aplican en la formación de la Nueva Generación de Policías de la Secretaría de Seguridad Pública que renovará a la División de Fuerzas Federales.

Según el reportaje de marras -y eso podría hacer en Texas el mentor adjunto del catedrático Calderón- en la academia donde se prepara la nueva generación de policías mexicanos el permiso para faltar se cobra en 200 pesos -15 dólares, ¡una ganga! También, los académicos mexicanos, o cuando menos el adjunto, podría exportar otra táctica nacional de las mencionadas en la sensacionalista nota periodística: la de avisar a los alumnos que están en peligro de ser dados de baja pudiendo evitarlo si en lugar de asistir al adiestramiento van a hacer trabajos de albañilería a casa de sus jefes o preceptores. Una casita en el extranjero no les caería mal, aunque dudo que los texanos -de no ser uno que otro de origen mexicano- tengan vocación de alarifes. De antemano ofrezco una disculpa al señor ingeniero García Luna por andar disponiendo de su tiempo postsexenal de manera arbitraria. ¿Yo qué sé si, dado los excelentes resultados que ha tenido, repite en el cargo el próximo gobierno? O, ¿por qué lo ando mandando a Texas cuando, tal vez, él quiera ir a otro lugar, París, quizás?