Uno de los temas de más relevancia en el control de la pandemia, como en cuanto a atenuar su impacto económico, se refiere a la efectividad que tenga el proceso de vacunación. La capacidad que tengamos para inmunizar a una proporción cercana o superior a 80 % implica que tengamos una serie de condiciones que hoy, o son inexistentes o no son perfectamente claras.

Un primer tema es la capacidad de adquirir las vacunas necesarias en el tiempo para lograr una velocidad adecuada (y creíble) en su proceso de aplicación. La carencia de información puntual al respecto; a la que se suman frecuentes versiones contradictorias en algunos casos “espontáneas”, sobre este tema; ha contribuido a la falta de claridad respecto de qué tan rápido podemos avanzar y consecuentemente, se genera poca credibilidad sobre los programas establecidos en cuanto a su avance.

La información respecto a las vacunas que se están adquiriendo y que (en teoría) había compromisos específicos hacia nuestro país, también ha presentado contradicciones respecto de cuál es la ruta y prioridades en el proceso.

Todo proceso de contingencia puede presentar cambios; pero cuándo frecuentemente se incorporan elementos no planteados como la inmunización a ciertos grupos de trabajo político/social/operativo del gobierno, el vacunar a los maestros de un estado para que reinicien las clases, parecería que el programa está sujeto a cambios coyunturales qué distraen los recursos y desvían el camino trazado en la estrategia principal.

En la mayor parte del mundo existen mecanismos que buscan transparentar los contratos de abasto de la vacuna. No es así en México. Parecería que van siendo incorporados elementos adicionales sobre la marcha, ante indefiniciones o carencias de la planeación previa.

Tal vez el tema más preocupante radica en que no queda claro que la estrategia de adquisición de las vacunas corresponda también a las prioridades de inmunización de los sectores qué, a nivel internacional, se consideran prioritarios.

Así por ejemplo, la información disponible en México apunta a que se pretende adquirir para inmunizar a las personas de edad avanzada, aquellas vacunas que o bien han probado precisamente ser las de menor eficacia para esos grupos de edad o aquellas que la información sobre su efectividad aun no está completa, porque todavía no son publicados los reportes relacionados con los resultados de su fase final.

Ello ha llevado a pensar que los determinantes que condicionan el proceso están relacionados en parte con los recursos disponibles para adquirir vacunas (que presentan variaciones de precios considerables, siendo la vacuna más cara casi 10 veces más costosa que la más económica).

La discusión sobre la participación potencial del sector privado en el proceso de vacunación resulta estéril y ha llevado a desviar la atención sobre temas más importantes. La aprobación de la vacuna a nivel mundial es de emergencia y consecuentemente no puede ser adquirida, ni distribuida para su venta por sector privado bajo ninguna condición, ni en México ni a nivel mundial. Pero el Sector privado sí puede y debe colaborar en el proceso que agilice su distribución gratuita y con base en prioridades de salud.

El peor enemigo en una condición de contingencia es la incertidumbre. Ante la escasa información, se abren espacios para que la población llene esos vacíos con versiones sin fundamento científico, y con la difusión de noticias sobre aparentes remedios, sin ningún sustento probado en investigación científica real.

Se requiere una política pública transparente consistente y con información basada en ciencia, que permita a la sociedad enfrentar el embate de una enfermedad cuyas consecuencias no acabamos de dimensionar para el futuro.

raul@martinezsolares.com.mx

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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