El presidente López Obrador todas las mañanas tiene una comparecencia que no cumple con los requisitos de una conferencia de prensa. Entre otras cosas no responde, siempre evade, las preguntas e inquietudes de los periodistas que asisten a la reunión.

Sus comparecencias son un ejercicio de propaganda política no pagada que tiene como propósito establecer la agenda mediática diaria sobre la que informan y discuten los medios. A veces, el ejercicio de propaganda cede su lugar para que aparezca el presidente-pastor.

En esa función articula una narrativa muy parecida a la que utilizan los pastores evangélicos en sus sermones dominicales. Hace referencia a Dios, a la Biblia y también da buenos consejos e invita a portarse bien. Habla del perdón, de la reconciliación y de la purificación de la vida personal y social.

Si el presidente mantiene las comparecencias matutinas, que se mueven entre la propaganda no pagada y el sermón, cada semana habrá cinco de éstas, al mes 20, al año 240 y en los seis años de su gobierno 1,440.

La comparecencia diaria del presidente es un caso único en el mundo. No hay otro mandatario que lo haga. Repite la estrategia de estar en los medios que utilizó cuando fue jefe de Gobierno de la ahora Ciudad de México.

Por la vía de los hechos casi todos los medios y todos los días, los más de manera acrítica, recogen y difunden unas veces los mensajes de propaganda y otras los sermones del presidente-pastor.

De esa manera tiene garantizado el marcar cada mañana la agenda de los medios a lo largo de los próximos seis años. Ese es su propósito. Cuando fue jefe de Gobierno lo pudo hacer y ahora de presidente también lo está haciendo.

Al corto plazo, la única manera como se puede cambiar su estrategia es que los medios decidan, en razón de su propio interés, que a ellos el presidente-pastor no les va a marcar la agenda de los temas a cubrir y que son ellos, en todo caso, quienes deben señalar cuáles son los temas relevantes que merecen estar presentes en la agenda pública.

El presidente, como parte de su ejercicio de propaganda política, miente con mucha frecuencia, prácticamente todos los días, y a veces varias veces en una misma comparecencia. Eso ya se ha hecho costumbre y nadie se lo reclama.

La pérdida del control de la agenda por parte del presidente sólo se va a dar cuando los medios pongan como noticia de ocho columnas y sea la nota de inicio de los noticieros de la radio y la televisión: el presidente miente.

Así, los medios impedirían que se les use como cajas de resonancia de la propaganda política que todos los días emite el presidente y con eso harían un gran servicio al periodismo y a sus audiencias. Y también, no es un dato menor, a la democracia.

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Rubén Aguilar

Asesor Político

Convicciones

Licenciado en filosofía, maestro en sociología y doctor en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana (Campus Santa Fe, México). Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). De 1966 a 1979 estuvo en la Compañía de Jesús.