Esta semana que recién concluyó, el presidente Andrés Manuel López Obrador participó en la reunión con sus pares miembros de las 20 economías más grandes del mundo. Así, pudo intercambiar impresiones con líderes de la talla de Emmanuel Macron de Francia, Boris Johnson de Gran Bretaña, Vladimir Putin y la principal líder del mundo libre occidental, Angela Merkel. A diferencia de anteriores participaciones de mandatarios mexicanos, en esta ocasión, el presidente no buscó quedar bien con sus homólogos desarrollados vendiéndoles las posibilidades que ofrece México para invertir; eso ya lo saben. Por el contrario, en lugar de andar tratando de ver cómo voltean a ver a nuestro país, se presentó como un líder que busca ser parte de la solución del problema y no mero espectador o peor aún, como parte del problema mismo. Esta es una diferencia notable que la nueva forma de gobernar en este país nos muestra y se muestra ante el mundo.

¿Quién será el primer país en pagar lo que debe? ¿Quién le va a cobrar a EU, Europa, Rusia o Japón? ¿Qué sistema económico mundial es capaz de seguir operando con estos niveles de deuda pública y privada con las reglas que sólo las naciones fuertes establecen? Estas incógnitas y sus respuestas son el debate que López Obrador abre de cara al mundo. En los últimos años, las reuniones del G-20 se habían alejado de los temas de fondo para atender la coyuntura en la que ellos mismos se habían metido. Estas reuniones habían dejado de ser relevantes. Los problemas se atendían bilateralmente bajo la lógica de los intereses de los siete países más poderosos. Por su parte, las 13 naciones restantes trataban de poner temas en la mesa que normalmente suelen surgir de regiones con fuertes diferencias internas en sus niveles de desarrollo, como el caso de México. En este sentido, además, de las acciones para salir de la crisis financiera provocada por EU en el 2008, o el cambio climático en esta ocasión, fue el presidente López Obrador quien habló a sus pares de algo que tarde o temprano debería ya de ser tratado con plena apertura y transparencia.

El tema de la deuda de todos y cada uno de los países del mundo es algo alarmante. Todos, sin distingo, tienen problemas de deuda, que las teorías económicas y financieras modernas tratan, sin éxito, de argumentar que son sólo de unos cuantos. Durante años todos los países e incluso sus sectores privados han recurrido al endeudamiento excesivo para tratar de sostener lo insostenible: un desarrollo excesivo de pocos a costa del empobrecimiento de cada vez más países. Es cierto que el mundo de hoy es mejor que hace 50 años; por ejemplo, cada vez hay más gente con más estudios y el promedio de vida a nivel mundial ha aumentado. Sin embargo, todas las naciones han abusado del instrumento de la deuda que, por los excesos del neoliberalismo a ultranza, también ya provocó que las naciones acomodadas deben demasiados recursos, aunque sean dueñas de sus propias monedas como el dólar o el euro. La deuda del mundo es la bomba de tiempo que está estallando.

@DrCarlosAlber10

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

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