Tampoco es para echar las campanas al vuelo. El problema del desbalance fiscal -la brecha entre los ingresos y los gastos del gobierno de Estados Unidos- es tan grande y las deudas que el financiamiento de ese déficit han causado, tan cuantiosas, que el arreglo legislativo anunciado ayer es apenas un avance parcial y transitorio en tan espinoso asunto.

Desde luego que es mejor el acuerdo parcial conseguido a que demócratas y republicanos en el Congreso estadounidense se hubieran montado en su macho cayendo en una confrontación sin salida que habría sido inmensamente perjudicial para Estados Unidos y para el mundo.

Nadie, ni el poderoso gobierno estadounidense, puede darse el lujo de vivir por encima de sus medios; es decir, de gastar por arriba de sus ingresos. La brecha tiene que financiarse necesariamente con más deuda. Toda vez que los ahorros en un país, e incluso los ahorros mundiales, son una cantidad finita, llegaría un momento en que ya no alcanzarían para cubrir el déficit o simplemente los ahorradores se negarían a comprar los títulos de deuda del gobierno deficitario.

Así le ocurrió a México en 1982, estuvo a punto de pasarle recientemente a Grecia, España y Portugal, y eventualmente en ese desenlace podría caer Estados Unidos. ¡Parecería imposible, mas no lo es! El problema del déficit fiscal en Estados Unidos y de la deuda gubernamental que ha causado tienen inmensas implicaciones sobre México. No podría ser de otra forma, toda vez que aproximadamente tres cuartas partes de las transacciones comerciales y financieras externas que efectúa el país son con ese mercado y su economía es, también aproximadamente, 14 veces más grande que la mexicana.

Por eso, ser vecino de Estados Unidos es como dormir junto a un elefante: cualquier movimiento te puede aplastar. En el caso analizado, una desaceleración intensa de la economía de EU exacerbaría el desempleo en México y las consecuencias serían negativas si tan sólo las tasas de interés se elevaran en forma permanente.

La bomba de tiempo fiscal en Estados Unidos tiene que enfrentarse: ¡No hay otra salida! El mejor camino es que se hiciera en forma gradual para causar el menor número de olas posible y ofreciendo la mayor certidumbre. Pero ese escenario ideal es remoto por las dificultades políticas que se enfrentan y por los intereses creados en juego. Mientras tanto, habrá que prender veladoras en México para que allende el Bravo predomine la racionalidad.

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