¿Cuál es el efecto político del llamado Acuerdo de Certidumbre Tributaria? Que la oposición no pueda argumentar que el PRI buscaría una mayoría en la Cámara de Diputados en las elecciones del próximo año, para aplicar, ahora sí, el IVA en alimentos y medicinas.

Y ya entrados en los mensajes, de una vez garantizar que cualquiera de los que estaba en esa mesa de presentación del pacto sería un aspirante presidencial responsable y consciente con el tema de los impuestos.

El esquema fiscal que ahora se congela está muy lejos de ser el adecuado, tiene impuestos indirectos altos para grupos reducidos de contribuyentes y tiene un mecanismo de impuestos directos con muchos boquetes que siguen permitiendo la evasión; además de una amplia gama de impuestos especiales que parten de creencias, como el impuesto a las bebidas azucaradas.

Pero así como está, tiene la ventaja de ser un esquema tributario popular que es producto del acuerdo entre el PRI-gobierno y la izquierda perredista. Un momento así parece que vale la pena inmortalizarlo para garantizar la gobernabilidad.

Es como la Secretaría de Gobernación reconociendo al Sindicato Mexicano de Electricistas que no tienen empresa, pero tienen al gobierno agarrado de donde le duele. Así es el acuerdo fiscal, bonito y lucidor, aunque pasando la primera capa aparece como algo hueco.

Después de la batalla en los impuestos del año pasado, cuando la amenaza de IVA en las colegiaturas o en las rentas, con la siempre presente advertencia de aplicar el impuesto en alimentos y medicinas, llegó una miscelánea que fue vendida como un golpe a los que más tienen, que incluía el cobro de impuestos a las cochinas y burguesas ganancias de la Bolsa.

Políticamente, el marco fiscal vigente es uno de los más presumibles de los últimos tiempos, además de que tiene la resistencia suficiente para mantener la medianía del ingreso tributario durante el resto del sexenio.

El secreto del marco fiscal vigente no está en la homologación del IVA en todo el territorio nacional, que es uno de sus mejores aciertos, sino en la capacidad del brazo ejecutor de aumentar la recaudación. El principal activo que tiene hoy el sistema tributario es el SAT.

Otra apuesta para mantener sin cambios los impuestos está en las expectativas, en la creencia hasta niveles de fe, de que la economía mexicana está llamada a tener una tasa ascendente de crecimiento desde el paupérrimo 1.1% del año pasado hasta niveles cercanos a 5%, con los que sueñan para cerrar el sexenio.

El Acuerdo de Certidumbre Tributaria no es realmente un pacto, es un compromiso del gobierno federal de no ser quien lance la primera piedra en materia de impuestos, salvo que suceda algo de lo que dice en la letra pequeña del documento. No es pacto porque es unilateral, no incluye al Congreso, no está la firma de los partidos políticos, no contiene el visto bueno de obreros y empresarios, salvo los predecibles aplausos de la domesticada porra cupular, claro.

Si alguien se atreve a presentar una modificación al IVA o a otro impuesto, que sea desde la oposición y que se atenga a las consecuencias políticas. Por lo pronto, la promesa de no moverle a los impuestos en los años por venir puede no ser buena noticia para un país dinámico, pero es una gran novedad para los contribuyentes que cada fin de año ven con miedo el contenido de las misceláneas fiscales.