El plan de inversión presentado por Pemex no tuvo un rechazo por parte de los mercados. La recepción fue de buena a mixta. Los precios de los bonos soberanos, los de la deuda nacional y el propio tipo de cambio permanecieron estables después de la presentación del documento, esto contribuyó al clima de estabilidad financiera; cuando menos se le otorgó el beneficio de la duda para esperar a ver los resultados y que los compromisos de inversión se concreten. El balón está ahora en la cancha del gobierno, que tiene que demostrar que esa inversión se puede reflejar pronto en mayor inversión. Es algo que ya ha sucedido en otros tiempos, por lo que el plan tiene viabilidad.

El proyecto presenta una alternativa para incrementar la producción y reducir la deuda; justo lo contrario de lo que sucedió durante la administración pasada, cuando cayó la producción y se incrementó la deuda. Es posible que falten por analizar otras opciones de negocio, pero por lo pronto se atiende lo fundamental, lo urgente para garantizar viabilidad en el corto plazo. El plan atiende la preocupación principal: que se incremente la producción y que la empresa vuelva a ser, en los próximos años, una fuente de recursos para financiar la hacienda pública. El planteamiento central es que la menor carga fiscal le permitirá incrementar la producción, especialmente en 22 campos en los que existen condiciones para lograr mayor producción en el corto plazo, por lo que los supuestos que se utilizan para sustentar el incremento de la plataforma son razonables si la inversión se aterriza correctamente. Menos carga fiscal y más recursos para la exploración en Pemex no es una propuesta de política nueva, es una de las demandas históricas de quienes han buscado que Pemex sea un pilar para el desarrollo del país en el largo plazo, partiendo de que el problema central es la caída en los niveles de producción de hidrocarburos.

El plan también ofrece estabilizar la deuda de Pemex para que pronto ésta pueda ser servida sin requerir de recursos fiscales o de negociaciones con instituciones financieras, esto permitirá que no enfrente problemas financieros en los últimos años y que su debilidad financiera no sea una fuente de inestabilidad para las finanzas públicas nacionales.

De hecho, el plan reduce las probabilidades de que las calificadoras bajen la calificación de la deuda de Pemex en los próximos meses. Estas firmas no dieron a conocer nota alguna después del anuncio del plan. Además, la mayor inversión en el corto plazo también tendrá un efecto de impulso al ciclo económico; es decir, será un factor que ayude a generar crecimiento económico. Por lo pronto, parece que Pemex logró comunicar con claridad un plan que es sencillo en el mejor sentido, ya que se compromete a seguir la fórmula que alguna vez funcionó para la empresa: mayor inversión en exploración, en campos redituables en el corto plazo; menor carga fiscal y estabilización de la deuda, para que pronto Pemex vuelva a contribuir en la hacienda pública y se convierta en un motor de crecimiento económico.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.