El tipo de cambio del peso frente al dólar ayer rebasó el límite de depreciación fijado por el banco central y disparó el mecanismo de intervención.

Desde diciembre del 2009, cuando México resentía los efectos de la crisis financiera de Estados Unidos, el Banco de México no había intervenido en el mercado cambiario.

El Banco de México intervino para apuntalar al peso en su cotización frente al dólar.

La moneda nacional registró una jornada muy negativa, derivada de la volatilidad internacional que genera la probable salida de Grecia de la zona euro.

La moneda cerró ayer en 14.0320 a la compra y 14.0350 pesos a la venta, con una caída de 1.86% o 25.62 centavos -frente a los 13.7788 del precio de referencia del martes previo-; su nivel más bajo desde noviembre del 2011

El tipo de cambio del peso frente al dólar ayer rebasó el límite de depreciación fijado por el banco central y disparó el mecanismo de intervención.

Es decir, el peso en su cotización frente al dólar rebasó el umbral de depreciación de 2% con respecto al fix del tipo de cambio establecido por el banco central en la jornada previa.

Desde diciembre del 2009, cuando México resentía los efectos de la crisis financiera de Estados Unidos, el Banco de México no había intervenido en el mercado cambiario.

Hay que recordar que México optó por un esquema de libre flotación del peso frente al dólar, a partir de la crisis del tequila que registró México en 1994.

El gobierno mexicano decidió que la cotización del tipo de cambio lo determinen libremente las fuerzas del mercado, es decir, la oferta y la demanda.

Entre sus herramientas, el banco central cuenta con este mecanismo de intervención para contener la volatilidad cambiaria mediante la subasta de dólares. Sin embargo, no se trata de una intervención que busque un determinado nivel del tipo de cambio.

Se estableció para circunstancias extraordinarias, tal y como ocurrió durante la crisis financiera estadounidense que generó también diversos episodios de volatilidad en los mercados, y con base en un mecanismo predeterminado.

Este mecanismo se disparó ahora, frente a esta nueva oleada de volatilidad originada en Europa y, en particular, por la probable salida de la unión monetaria de Grecia.

Vale la pena destacar que la depreciación del peso se explica en función del nerviosismo de los mercados internacionales.

O dicho de otra manera, las consecutivas depreciaciones del peso de las últimas semanas no se originan por causas internas de la economía mexicana, que a la fecha goza de extraordinaria salud financiera. México -lo han reiterado hasta el cansancio las propias autoridades- cuenta con sólida estabilidad macroeconómica.

Además, cuenta con uno de los niveles más altos de su historia de reservas internacionales, superiores a los 153,000 millones de dólares.

Además de las reservas internacionales, el país cuenta con la línea de crédito flexible del Fondo Monetario Internacional, por 70,000 millones de dólares.

La suma de ambas cantidades representa un sólido escudo para enfrentar con mayor comodidad periodos de intensa volatilidad internacional como el que se está registrando en el mundo y que todo indica habrá de empeorar.

Las autoridades de la Secretaría de Hacienda y del Banco de México han indicado que el peso está subvaluado y que habrá de recuperarse cuando la volatilidad internacional ceda.

No obstante, el escenario europeo apunta más hacia su agravamiento y, como consecuencia, puede esperarse no sólo la prolongación, sino la profundización de la volatilidad. Ningún país está exento de resentir las consecuencias y México no puede ser la excepción.

Pero también es cierto que hoy, en términos económicos, México está mejor plantado. A ver.

CUENTOS VERAS

En cifras preliminares, la Inversión Extranjera Directa registró un ligero descenso. De acuerdo con el subsecretario de Competitividad, de la Secretaría de Economía, José Antonio Torre, el descenso se explica por la falta de reformas estructurales, que podrían hacer más atractivo al país y que no han sido aprobadas.

Twitter: @marco_mares

marcomares@eleconomista.com.mx