El peso es un pararrayos de problemas externos.

Además de los más de 150,000 millones de dólares de las reservas internacionales, un elemento básico para defender al peso es la confianza. Y eso es lo que busca el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, cuando recuerda la fortaleza de la economía mexicana frente a los episodios de volatilidad externa.

El peso está muy subvaluado y no corresponde con los fundamentos de la economía mexicana, dijo Carstens, que defiende la principal tarea del banco central mexicano, que es contener la inflación.

Lo cierto es que hoy estamos menos preocupados por los bandazos del peso de lo que solíamos estar antes. Hemos visto cómo en menos de dos meses el peso se fue de los 12.70 a los 14.10 y no hubo una conmoción social por ello.

En los tiempos de la paridad controlada de los ochenta o principios de los noventa, bastaba con un simple rumor para que la gente se volcara a comprar dólares.

Hoy, después de 17 años de una moneda en flotación, los episodios de alzas y bajas son constantes. Y lo mejor de todo es que al final de prácticamente todos los episodios especulativos, el peso se alza con una recuperación.

En estas casi dos décadas, los movimientos del peso han sido prácticamente en respuesta a factores externos. El peso es un pararrayos que ayuda a amortiguar los choques externos para que no pasen a capas más profundas de la economía.

Quizá aquel episodio en que algunas empresas fueron sorprendidas jugando a los derivados para obtener dinero fácil, justo cuando estalló la crisis financiera de Estados Unidos, fue uno de los pocos factores internos que provocaron una devaluación.

Durante aquellos días de finales del 2008, el peso frente al dólar se fue de los 11.70 a los 15. Al paso de los meses regresó a los 12.50. Nunca más a los 11, pero también resulta conveniente no tener un peso tan fuerte para no perjudicar el comercio exterior mexicano.

Pero es un hecho, los dólares a 14 de hoy no van de acuerdo con la realidad de la economía mexicana. Los exportadores deben estar felices, por supuesto. Pero una ventaja competitiva artificial como la cambiaria puede afectar la inflación de nuestra economía.

Por la cantidad de importaciones, sean bienes de consumo, intermedios o de capital, y por la costumbre de tasar muchos precios en dólares, como por ejemplo los bienes inmuebles, una depreciación prolongada o permanente de la moneda mexicana afectaría la inflación o el consumo.

Pero claro, una cosa es afirmar que la economía mexicana es fuerte y resistente, pero otra muy diferente es que esas presiones externas que argumenta el propio gobernador Carstens no puedan ponerse peor y no dejar lugar seguro en el mundo. Ni en pesos, ni en yenes, ni en dólares.

Claro que Grecia es el emblema de la crisis mundial, las elecciones internas en ese país del próximo 17 de junio se han convertido en un referéndum para toda la zona euro, lo cual es absurdo, pero totalmente cierto.

Pero más allá de que una ligera mayoría de griegos opten por mantener a su país en la zona de la moneda común, la realidad es que no será sino un mayor tiempo de agonía ante su necesaria salida.

El temor de hoy en los mercados, además del país helénico, es España. El tamaño del rescate de Bankia, que la semana pasada se devoró 19,000 millones de euros, deja ver que hay un agujero negro en el sistema bancario ibérico que nadie conoce.

Y como dijimos al principio, esto es un asunto de confianza, más allá de las posibilidades financieras. El riesgo de España le hace imposible financiar sus deudas.

El castigo financiero que hoy recibe ese país puede hacer que aun con la posibilidad de enfrentar sus problemas, se lo hagan imposible y tenga que recurrir a la ayuda internacional.

No hay que dejar de ver que en una crisis pierden los países, los ciudadanos; pero que al final lo que alguien pierde otro lo gana, regularmente esos que apuestan a perderle la confianza a los que intentan salir del atolladero.

Tampoco hay víctimas, porque los países, como las empresas o las personas, suelen arriesgarse innecesariamente hasta llegar a esos límites.

Entonces, el peso será resistente y fuerte como la economía, en la medida en que el resto del mundo lo permita.

[email protected]