Tenemos a Trump, a la Fed y al Banxico. Nos faltan las calificadoras para completar el cuadro de factores que podrían marcar el tipo de cambio del peso frente al dólar.

La moneda mexicana fue la que más perdió en todo el mundo, en el periodo que va del triunfo de Donald Trump hasta su toma de posesión. A partir del 20 de enero, es la moneda que más se ha revalorado. Ha sido más de 7% en tres semanas.

¿Qué ha pasado? El peso se ha visto beneficiado de una atenuación del nerviosismo asociado al factor Trump y sus intenciones hacia México. Este nerviosismo llegó a su punto más alto entre la segunda y la tercera semana de enero, cuando el presidente estadounidense enfocó sus críticas a México y el NAFTA, además de anunciar la construcción del muro en la frontera con México. En esos días, el tipo de cambio rompió récord y estuvo muy cerca de la marca de los 22 pesos por dólar, cuando empresas como Ford dieron a conocer el cambio de sus planes hacia México.

Desde el 20 de enero, el peso ha aprovechado una devaluación generalizada del dólar, asociada a la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. El presidente número 45 se ha convertido en un factor de depreciación del dólar frente a la mayoría de monedas. Lo ha sido al describir sus planes de política económica y también por comentar que el dólar está demasiado fuerte e inhibe la competitividad de las exportaciones de Estados Unidos.

Los anuncios de un gigantesco programa de infraestructura auguran un incremento del déficit fiscal del Gobierno estadounidense. Estos desbalances en las finanzas públicas golpean la divisa del país donde ocurren. En el mes de enero, el dólar tuvo la mayor caída registrada en desde 1987, en el US Dollar Index.

¿Qué sigue? El valor del peso frente al dólar seguirá pendiendo de un hilo, asociado a lo que Donald Trump diga o haga respecto a México. En las próximas semanas se definirá el futuro del Tratado de Libre Comercio y se darán a conocer los detalles del plan fiscal del Gobierno de Trump. Un impuesto o arancel a las importaciones y un impuesto a las remesas están en el aire. Éstos afectarán a México porque disminuirían las divisas que nuestro país puede captar, en forma de inversión directa de las empresas o de envíos de connacionales radicados en Estados Unidos.

Más allá del territorio que controla plenamente el Ejecutivo de Estados Unidos, el peso se verá afectado por las decisiones de política monetaria que tomará la Reserva Federal. Su presidenta, Janet Yellen, ha anunciado que vendrán hasta tres alzas de tasas de interés en el 2017. Estos movimientos alcistas tendrán repercusiones en el tipo de cambio del peso frente al dólar. Es imposible hacer un pronóstico de cuánto afectará, entre otras cosas porque cada alza de la Fed pondrá presión al Banco de México para que también suba las tasas. No menosprecien al Banxico. Por poner un ejemplo, el incremento de las tasas de ayer jueves significó una apreciación de 0.3% para la moneda mexicana.

Tenemos a Trump, a la Fed y al Banxico. Nos faltan las calificadoras, para completar el cuadro de factores obvios que podrían marcar el tipo de cambio del peso frente al dólar. Las calificadoras, como Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch, tienen a revisión la calificación de la deuda mexicana. Para que México mantenga su grado, el Gobierno debe cumplir sus metas de superávit fiscal y conseguir un buen trato comercial con Estados Unidos. Con todo lo anterior, ¿apostaría usted a favor o en contra del peso?

lmgonzalez@eleconomista.com.mx