¿Tenemos un pequeño Adolfo en nuestro interior? Es decir, otro yo represor, derechista, pugnando por salir. Desgraciadamente, la respuesta es positiva y que se manifieste depende de muchos factores, internos y externos: educación, formación, religión y, sobre todo, influencia de las condiciones materiales que nos rodean. Respecto a esto, recuerdo dos obras, una de cine y otra de filosofía histórica. En “Un burgués pequeño, pequeño” (Mario Monicelli, 1977), el director nos propone que una persona común y corriente, sometida a ciertas condiciones, puede deslizarse hacia los caminos de la brutalidad y el asesinato, el desprecio por la vida. En otro escenario, Hannah Arendt, en “Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal.” (1963) propone la idea de que los guardias de los campos de concentración no eran monstruos homicidas, sino hombres que en su mayoría consideraban que cumplían órdenes y hacían un trabajo, inclusive eran hombres de familia que, cuando regresaban a casa, convivían sin mayores problemas. 

Todo esto viene a cuento por la visita de Santiago Abascal, de VOX, auspiciada por senadores panistas en una de las decisiones más torpes y que ha causado conflicto en el PAN y le dado un gran regalo político al presidente López. Se ha hablado mucho de esta visita, pero cabe preguntarse ¿por qué existe una agrupación política como VOX y por qué vino a México? 

No recuerdo si en la Historia de la Revolución Rusa o en la Revolución Permanente, Leon Trotsky usa el ejemplo del péndulo para mencionar que a toda época revolucionaria solía suceder una etapa de contrarrevolución. Acerca de esto, cabe otra pregunta: ¿estamos viviendo una etapa de derechización de la vida pública a nivel nacional y mundial?  La respuesta es nuevamente positiva, aunque no estoy muy seguro de que haya estado precedida de una época liberal. 

Pero regresemos a las condiciones que pueden hacer brotar al pequeño Adolfo interior: una tremenda frustración de clase por los logros alcanzados, por ejemplo: personas que no conseguirán lo mismo que sus padres y sus abuelos; una baja en el nivel educativo también puede contribuir; la percepción de que la democracia nos ha fallado y con ello los partidos políticos tradicionales (“todos son lo mismo”); la idea de que el derrumbe de nuestros sistemas idiosincrásicos es la causa de que la sociedad no funcione (“regresemos a nuestros valores”); una mala situación económica  persistente (otra prueba de que la democracia y los políticos no sirven). En algunos lugares, la llegada masiva de migrantes provoca el corrimiento a la derecha de amplios segmentos poblacionales (“¡qué se larguen a su país!”), en otros, una tremenda inseguridad provoca el mismo efecto y motiva para que amplios sectores sociales sean indiferentes a las violaciones de los derechos humanos en un afán de encontrar orden. 

En fin, no hay recetas, pero digamos que una mezcla de algunos o todos estos rasgos pueden devenir en una derechización o ultraderechización de la sociedad. Y sí, las masas sirias huyendo de una guerra atroz, los migrantes centroamericanos y mexicanos escapando de la falta de oportunidades y la violencia, los haitianos tratando de escurrir el bulto de un país sin futuro, etc., aceleran todos los rasgos descritos. Por si faltara algo, en 2020 vino la pandemia y la crisis económica con toda su cauda de calamidades; un terreno fértil para la derecha y la ultraderecha. Para citar al clásico: le vino como anillo al dedo. 

Con Umberto Eco cabe preguntarse si estamos en la antesala de un “totalitarismo fuzzy” surgiendo en varios países en una especie de sincronicidad junguiana. En una conferencia de 1995, después recogida en un libro (Contra el Fascismo), el autor italiano habla del ur fascismo o fascismo eterno y suelta claves para reconocer las múltiples formas de ese fascismo: 1) el culto a la tradición, lo que implica el rechazo a la modernidad; 2) el culto a la acción y por la acción (giras interminables, conferencias diarias, etc.); 3) el rechazo al pensamiento crítico. El ur-fascismo crece y busca el consenso explotando y exacerbando el natural miedo a la diferencia; 4) la exaltación de las virtudes de una clase social cualquiera; 5) el nacionalismo rampante (qué orgullo haber nacido aquí); 6) los seguidores del ur fascismo deben sentirse humillados por la riqueza que ostentan los enemigos; 7) no hay lucha por la vida, sino más bien "vida para la lucha"; 8) rasgos militaristas; 9) la exaltación del “héroe”, el heroísmo como norma (los soldados son héroes, los que envían remesas son héroes); 10) un constante estado de tensión; 11)  obsesión por conspiraciones y culpables externos; 12) desdén hacia las mujeres y una condena de las costumbres sexuales no conformistas, desde la castidad hasta la homosexualidad; 13) la voluntad popular por sobre la ley; y 14) lenguaje simple y repetitivo. 

En un artículo publicado tres años después de su fallecimiento, se lee el eco de Eco: Tales características no pueden quedar encuadradas en un sistema; muchas se contradicen entre sí, y son típicas de otras formas de despotismo o fanatismo, pero basta con que una de ellas esté presente para hacer coagular una nebulosa fascista.

Agrego: que nadie se llame a engaño.