El conflicto en Ucrania se profundiza y provoca que todas las fuerzas políticas se movilicen para preservar sus intereses. Todo ello en un contexto geoestratégico peligroso para las relaciones regionales de poder y también para los equilibrios mundiales. Se considera que es el desafío más grande para Estados Unidos y Europa desde la caída del muro de Berlín.

En América Latina, con menor intensidad y sin conflictos internacionales, ocurren fenómenos disfuncionales que agudizan la decepción. Ante una democracia de baja calidad, fueron incubados por populismos cada vez más peligrosos. La tragedia es que la mano que mece el destino de ellos está en Cuba.

Dos casos de países son relevantes: Venezuela y Argentina.

En Venezuela se vive un proceso de caos creciente, no hay abasto de bienes indispensables, como por ejemplo la leche para los niños o la insulina para los diabéticos. Los homicidios abundan, la inseguridad ciudadana es alarmante. Las promesas no se cumplen y lo único seguro es que el gobierno no cambiará de rumbo. La oposición, sin embargo, esta cerca de tomar el poder. El gobierno ganó las elecciones pero por un margen mínimo de 1.5 por ciento.

Argentina está sumida en el desastre. La revista inglesa The Economist ha definido a la presidenta Cristina Fernández de analfabeta económica y populista. En una apretada síntesis, Roger Cohen escribió en The New York Times lo siguiente: Argentina inventó su propia filosofía política: una extraña mezcolanza de nacionalismo, romanticismo, fascismo, socialismo, conservadurismo, progresismo, militarismo, erotismo, fantasía musical, desconsuelo, irresponsabilidad y represión. El nombre que se le dio a todo esto fue peronismo. Ha resultado imposible de cambiar .

Ahora se debate en Buenos Aires la manipulación de los precios durante los últimos siete años, que sirvió al gobierno para evitar pagar parte de los costos reales de bonos y deudas gubernamentales, cuyos intereses crecieron al ritmo de la inflación, que fue del doble de la que oficialmente se reconoció.

Resulta lamentable la experiencia reciente de estos dos países de enorme potencialidad. Pero hay otros más gobernados por líderes que sólo denuncian el pasado pero que en el presente hacen aberraciones.

De fondo, los países en desarrollo, particularmente los de América Latina, no son fuente de paradigmas universales. Se limitan a la adaptación a algo que se impone desde afuera y que acarrea desajustes en la evolución histórica, la cultura y las posibilidades de avanzar.

Hay tres referencias importantes para América Latina que plantean las exigencias para un desarrollo sostenible. Una es combinar altos niveles de consumo e inversión como los países escandinavos, que generan crecimiento e igualdad. Otra es dar prioridad a la inversión sobre el consumo, como EU y China, generando crecimiento a costa de la desigualdad. Otra más es privilegiar el consumo sobre la inversión con base en deuda, agudizando la desigualdad.

La primera opción es a todas luces la mejor, pero la más difícil de alcanzar. Significa imaginación y racionalidad para erradicar el estancamiento.