Hace falta un Estado de Derecho.

Un grupo de supuestos vecinos de la delegación Coyoacán se opone a la instalación de parquímetros en el área céntrica de esta demarcación y tranquilamente llevaron cemento para tapar los hoyos donde habrán de instalar las máquinas de registro. Violaron la ley y no pasó nada.

Desde la izquierda dicen que aun sin la aprobación legislativa de la consulta que anhelan sobre la reforma energética ellos la van a llevar a cabo. Tienen ya el resultado y lo que planean es la manera de protestar para que se haga lo que ellos, minoría, no quieren que suceda.

Ese modus operandi de la presión callejera funciona tan bien en este país que es un lastre para conseguir lo que más extraña este país: el Estado de Derecho.

Si alguien tenía dudas de la susceptibilidad del gobierno capitalino de doblarse ante la presión de estos grupos disfrazados con causas sociales, ahí estuvieron los integrantes de la CNTE para demostrar que hacen lo que quieren y como quieren, y que se jodan los demás.

Lo peor de todo es que no son hechos aislados. La constante es la presión callejera usando a personas que poco tienen que ver y poco entienden de los motivos verdaderos de quien los ha expuesto.

El verdadero problema no está en las banderas, en las causas, sino en el uso de carne de cañón para provocar un rompimiento.

La semana pasada, compartieron la primera plana de muchos medios dos hechos que tienen que ver con el uso de esta masa anónima para enarbolar causas diversas. Una noticia fue la proximidad de las autodefensas con la capital michoacana y la otra fue la singular protesta pro Chapo Guzmán por las calles de diferentes ciudades de Sinaloa.

Los grupos del ya basta de Michoacán siguen esa lógica de mover a la opinión pública hacia el apoyo de su causa, cuando en realidad se trata de civiles armados resguardando intereses particulares al margen de una autoridad rebasada que no puede tomar el control de un plumazo, precisamente porque hay carne de cañón de por medio.

Y en el caso de Sinaloa, no se trata de una libre manifestación de ideas de un pueblo espontáneo que decide defender la soberanía sobre la figura de la extradición de los delincuentes. Es evidentemente una afrenta del narcotráfico que usa y paga gente que se suma a una causa que ciertamente no entiende. La autoridad se quedó atónita, rebasada, de manos atadas ante la imposibilidad de controlar a esa masa anónima y frágil. La provocación quedó ahí, como advertencia.

No es muy difícil pasar de la defensa de un capo o del mito petrolero a la violencia, y de ella a la victimización, y de las víctimas al bono político para los promotores de estos movimientos mal intencionados.

En el momento mismo en que un vecino tapa con mezcla de cemento una obra pública, debería ser arrestado. Al instante de poner una tienda de campaña en el Zócalo o en el Monumento a la Revolución, debería haber una fuerza pública que haga valer el orden.

Si hay autodefensas es porque el crimen manda en esas zonas. Si el crimen manda saca a la calle manifestaciones de apoyo, sin duda.

A la falta de Estado de Derecho como una de las razones para el retraso económico hay que sumar como factor el uso de carne de cañón, que es como acercar un cerillo a la gasolina.