Sé que el personaje en cuestión es muy mal ejemplo, pero al final sirve el caso.

Elba Esther Gordillo, dirigente vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, confesó en una conferencia de prensa que negoció diferentes temas políticos con Felipe Calderón.

La muy hábil Maestra realmente lo que hizo fue prender un petardo para atraer la atención hacia esto y dejar pasar la designación de su hija, Mónica Arriola Gordillo, y su exparticular Luis Castro, como los nuevos dirigentes de su partido político Nueva Alianza.

Pero como sea, los que mordieron el anzuelo se desgarraban las vestiduras ante la revelación de ¡una negociación política!

La señora Gordillo es una líder muy influyente con fuerza y poder político reales. A querer o no, representa al sindicato más grande de América Latina y tiene representatividad política, y los políticos negocian.

En México, se ha desvirtuado el poder de la negociación. Se descalifica a los representantes del poder que se atreven a buscar y sentarse con el contrario. Los que buscan acuerdos son acusados de vender en lo oscurito sus intereses.

En un país con mejores prácticas democráticas, el político negociador es premiado, mientras que el que se aferra a sus dogmas es rechazado. En México no, mientras más alejados de los opositores, mejor.

Esa falta de habilidad negociadora de la política mexicana es en buena medida explicación de la parálisis que vive este país.

Está claro que Elba Esther Gordillo no es el mejor ejemplo, pero el escándalo de medios y políticos ante la confesión de una negociación política es tan reprobable como cualquier líder antidemocrático de este país.

En México, los opositores sí negocian, pero siempre cuidándose de que nadie se entere. Y no siempre por el contenido de sus discusiones, sino por el temor de ser descalificados por buscar acuerdos.

No es privativo de nuestro país ese desánimo negociador de los opositores políticos. Dos ejemplos contemporáneos, convertidos en focos rojos financieros, ilustran esta realidad.

Europa y Estados Unidos. Los griegos o los portugueses fueron incapaces de ponerse de acuerdo a tiempo para moderar sus enormes gastos y con eso evitar la situación de crisis que viven hoy.

En Portugal, tuvo que renunciar el Primer Ministro por la falta de acuerdos políticos que impidieran que esa economía tuviera que solicitar ayuda extraordinaria de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional, lo que al final ocurrió.

Grecia hoy es noticia por la votación de un plan terrible de alto impacto social, pero cuando se pedían acuerdos entre derecha e izquierda para moderar el déficit y el nivel de endeudamiento no sucedió nada.

En Estados Unidos la situación es similar. Un país que se usa constantemente de ejemplo por su alto nivel de acuerdo político, hoy está al borde de un incumplimiento histórico de pagos precisamente por la falta de acuerdo entre los dos bandos de la política partidista.

Al estilo portugués, el Secretario del Tesoro ya puso sobre la mesa su renuncia por la falta de acuerdos. En este tema de la deuda, dice Timothy Geithner que aprueban y se va.

Demócratas y republicanos están jugando en la línea que divide un serio problema económico del camino de la recomposición fiscal que le urge a ese país.

A México le urgen más noticias de políticos negociando y dando resultados. Claro, cuando la negociación sea para buscar beneficios para el país, no para sus causas personales.

Que llegue el día en que salgan a dar conferencia de prensa a anunciar pláticas fructíferas entre legisladores y el Ejecutivo, entre partidos políticos que permitan cambios.

Y que la reacción mediática sea de beneplácito por el acercamiento, no de condena y vergüenza porque se ponen de acuerdo.

La primera piedra

La buena noticia es que ya terminó la primera mitad del año, que se caracterizó por la desaceleración en la recuperación económica y por la baja en los mercados financieros que habían anticipado un proceso de crecimiento sostenido. La economía de América del Norte topó con pared cuando necesitaba contrarrestar la baja tan pronunciada de la Gran Recesión, pero no logró sostener la recuperación. Estos últimos seis meses del año no parecen por ahora mejores, la expectativa es que se mantenga la baja actividad económica por algún tiempo. Por eso, la mala noticia es que ya empezó el segundo semestre.