Se aprueba la reforma educativa en la Cámara Baja. Buena noticia. Pero se complica en los demás frentes. El éxito dependerá de la negociación entre los distintos actores políticos y la capacidad de la administración del presidente Enrique Peña de subir al barco a todos los involucrados.

El miércoles pasado, la Cámara de Diputados aprobó la reforma educativa. La reforma establece avances de gran envergadura: 1) fija la evaluación obligatoria para el ingreso, promoción, reconocimiento y permanencia en el servicio profesional docente; 2) dota de autonomía al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE); 3) faculta al Senado para nombrar a los cinco integrantes del INEE; 4) adjudica al INEE facultades para evaluar la calidad de la educación preescolar, primaria, secundaria y media superior, y 5) garantiza el suministro de alimentos para estudiantes de escuelas de tiempo completo. Muy esperados y bienvenidos estos avances.

El partido se complica. Por un lado, el SNTE y su cabeza, La Maestra Elba Esther Gordillo, presionan para que la reforma no cambie el statu quo que tanto beneficio ha reportado a los líderes del sindicato y a aquellos maestros que en realidad no los son.

No sabemos aún qué sorpresas nos tiene preparadas La Maestra.

¿Algunos paros de maestros serían una opción para el SNTE? Por el otro, el proceso de la negociación en el Senado entre las diversas fuerzas políticas y dentro de cada una de ellas dificulta el escenario a la administración del presidente Peña Nieto.

La bolita ahora está en su cancha. A este panorama habría que sumarle las complejas negociaciones del secretario Chuayffet con los gobernadores y las legislaturas estatales para que la reforma constitucional sea aprobada.

¿Y los recursos que se requerirán para implementar la reforma? ¿De dónde van a salir? La reforma tiene que llevar aparejados recursos suficientes.

Finalmente, el punto más crítico de la reforma estará en cómo motivar a los profesores para que las reformas previstas se traduzcan en mejoras en el aprendizaje de los estudiantes. Ése es el objetivo.

La reforma educativa es crucial para el gobierno en turno. Tiene que ir por todas las canicas. No se puede echar para atrás. El costo sería altísimo para el país y para el presidente Peña.

El mayor apoyo será la exigencia en voz alta y de forma ininterrumpida de la sociedad civil. El partido se decide en las próximas dos semanas.

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