Enrique Peña Nieto se autodefine como un político pragmático. Es una afirmación interesante, especialmente en estos tiempos en los que el panorama teórico es un caprichoso flujo de opiniones que cambia de rumbo de manera constante. Precisamente esa ambigüedad ha sido una de las características que le ha permitido al PRI ser un partido atrapa-todo que se desplaza del centro a la derecha o la izquierda en congruencia con el escenario político-económico imperante.

Sin embargo, no es lo mismo ser pragmático a mediados del Siglo XX que a principios del Siglo XXI. Durante la mayor parte del siglo pasado, el designio presidencial era suficiente para que el Congreso impulsara y, en su caso, aprobara reformas consideradas indispensables para el progreso del país. Los distintos sectores político, económico, laboral y social estaban comprendidos dentro de la estructura clientelar del PRI, y por lo tanto la resistencia a las reformas era inusual, y por lo general, manejable.

Sin mayoría en el Congreso, los últimos dos sexenios panistas se han caracterizado en buena medida por los intentos fallidos para aprobar reformas como la fiscal o la laboral.

El nuevo paradigma es incompatible con el pragmatismo que era típico en la presidencia imperial. La enorme variedad de intereses creados y de poderes facticos han hecho que la tarea de llegar a acuerdos y generar consensos parezca imposible.

Evidentemente, la incapacidad para impulsar reformas tan importantes como las mencionadas ha provocado que nuestro país entre a un letargo que ha impedido avanzar en distintos ámbitos de la vida pública.

El diagnóstico, la explicación (o la justificación) más socorrida consiste en que durante los últimos dos sexenios el partido en el gobierno no ha alcanzado una mayoría legislativa; que la oposición ha sido irresponsable y se ha dedicado a bloquear las iniciativas del Ejecutivo. En las pasadas elecciones, el PRI tampoco obtuvo mayoría absoluta en el Congreso. ¿Qué podemos entonces esperar los mexicanos? ¿Cómo salir de la parálisis?

Entre otras cosas, Peña Nieto deberá hacer buen uso de una herramienta legislativa con la que no contaron sus antecesores. Se trata de la Iniciativa Preferente del Presidente de la República, contenida en la recién promulgada Reforma Política. Este instrumento puede permitir al Ejecutivo presentar al inicio de cada periodo ordinario de sesiones dos nuevas iniciativas o hasta dos iniciativas pendientes de dictamen que considere urgentes. Esas iniciativas deberán ser discutidas y votadas en un plazo máximo de 30 días naturales. Esa opción no garantiza que se aprueben, pero indudablemente pone fin a la parálisis sobre políticas consideradas impopulares (como ha sido el caso de la urgente Reforma Fiscal). En el pasado esos asuntos se enviaban a la congeladora para evitar que surgiera en el ámbito público una dimensión política negativa para quienes impulsan su aprobación.

Por otro lado, Peña Nieto debe evitar caer en los mismos errores que sus antecesores. Tanto Fox como Calderón rara vez supieron aprovechar la coyuntura política para impulsar cambios necesarios. El caso más representativo, por cierto, fue el de la Reforma Política. El sistema político mexicano funcionó básicamente durante los últimos doce años con las mismas reglas creadas para el viejo sistema de partido hegemónico.

Aunque era evidente que la realidad lo había rebasado y que eran necesarias nuevas herramientas de comunicación entre el Ejecutivo y los demás Poderes de la Unión, el gobierno de Felipe Calderón presentó una Reforma Política hasta ya entrado su tercer año de gobierno. Finalmente esa reforma fue promulgada hace unos días.

Ahora que los puntos de vista sobre la economía están influidos por las esperanzas de los mexicanos en el nuevo gobierno, Peña Nieto debe aprovechar el momentum para impulsar una Reforma Fiscal. En estos momentos en los cuales México atraviesa por una crisis profunda de seguridad, debería aprovechar la coyuntura para impulsar la aprobación de un Mando Único de Policía, de una nueva Ley de Seguridad Nacional y de una Ley Anti lavado de Dinero. Es necesario darle más herramientas al Estado para combatir a la Delincuencia Organizada. Y muchos etcéteras adicionales.

Los próximos coordinadores de las bancadas del PRI tanto en Diputados como en Senadores son dos pesos pesados de la política. Parece que Peña va enserio. Ojalá.

APR