El presidente nos ha dado una lección de política maquiavélica, con la complicidad del “independiente” Fiscal General de la República, que apenas puede ocultar su subordinación: manda a proceso al gobernador Cabeza de Vaca, se libera una orden de arresto contra el “rey” del outsourcing y se aprueba en la Cámara de Diputados, sin cambiar una coma, la Ley Eléctrica.

Todos estos son asuntos llamativos y son parte de la agenda presidencial encaminada a tres cosas: disminuir a la oposición; concentrar más poder y sacar adelante sus proyectos prioritarios en energía, obras públicas, manejo presupuestal, etc. Estas notas se suman a la admisión de culpas (“errores metodológicos”) que hizo el titular de la Auditoría Fiscal de la Federación, David Colmenares Páramo, con relación a los costos de la cancelación del aeropuerto de Texcoco. Con esta postura, simplemente vulneró su propia posición y desautorizó un valioso informe que muestra el desastre de la administración actual.

Con estas jugadas maestras logra distraer a la prensa y a la opinión pública (cualquier cosa que eso sea) del desastre de la vacunación (menos del 2% de la población) y el manejo de la Covid-19, las malas expectativas acerca de la economía, el avance de los cárteles y las bandas organizadas de criminales, la inseguridad y las mentiras sobre la atención médica de primer mundo.

Pero el presidente logra algo más, les manda un mensaje a los panistas y la oposición en general, a los defensores del outsourcing, a las empresas privadas de energía y a los órganos autónomos. Imposible no recordar la película El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972). Después de que intentan matar a Vito Corleone y fracasan, la familia Corleone se debilita y se ve obligada a establecer un trato desigual con las otras cinco familias mafiosas de New York. Al morir el Padrino, un nuevo líder, Michael Corleone, toma el mando y en un solo día elimina a los jefes de las cinco familias de NY y los obliga a negociar, esta vez en condiciones muy distintas.

Por supuesto, hay grandes diferencias y muchos asegunes. En la película, Vito Corleone es un personaje que sabe que es mejor negociar que luchar. AMLO no sabe negociar porque considera que hacerlo es síntoma de traición a sus ideales (para usar una palabra). Y la verdad, el mandatario no tiene por qué negociar, no hay con quién. La política real enseña que se negocia cuando el o los interlocutores tiene el suficiente peso y este no es el caso. Por ejemplo, en el caso del gobernador Cabeza de Vaca hay que decir que desde hace tiempo se le liga con actividades delictuosas. ¿Es cierto? No lo sé, pero si vemos la saga de gobernadores tamaulipecos desde 1993, ninguno se ha librado de acusaciones muy graves no sólo de la justicia mexicana, sino también de la norteamericana. Adicionalmente, hay varios expedientes legales contra al menos dos gobernadores panistas más. Mala cosa. ¿Es justicia aplicada políticamente? Pues sí, pero: ¿es una medida efectiva en tiempos electorales?

La iniciativa privada tampoco puede estar muy tranquila. Es altamente probable que, al igual que en el caso del rey del outsourcing, existan expedientes legales contra muchos de ellos. Salvo algunos sectores combativos, el grueso de los grandes empresarios trata de estar en buenas relaciones con el gobierno, mientras algunos de ellos sacan poco a poco sus inversiones.

Por lo demás, ahora hay pocas protestas por el mal manejo de la pandemia o por las muertes debido a que no se previó ni se invirtió en medicamentos y atención sanitaria para otras enfermedades. En otros países hay escándalos por la aplicación de las vacunas, aquí no, a pesar de que los “planes” (es un decir) de vacunación no sirven. Protestas por la economía no hay ni por la inseguridad. Hace poco, el periodista Héctor de Mauleón narraba como parte del Eje Central ya estaba controlada por integrantes de bandas, quienes seguramente cobran piso a vendedores ambulantes y probablemente a comerciantes. ¿No se da cuenta la jefa de Gobierno? Seguramente sí, pero no le importa. Si bajan las cifras de homicidios (según ella), no le importa el drama humano de todos los días de vivir con miedo.

Viendo fríamente el panorama mexicano, López Obrador da lecciones de política práctica a sus “adversarios”, eufemismo que utiliza para no decir que los (nos) considera sus enemigos. Por supuesto, hay tantos opositores con cadáveres en el armario que naturalmente tienen temor.

Ante esto, nos quedan dos opciones. O pensamos que estamos en una versión bananera de El Padrino y sacamos las palomitas o nos angustiamos como paso previo a repudiar, protestar y votar en consecuencia.

Por mi parte, he escogido angustiarme.