El Pacto por México surge de la valoración política que hacen los grandes partidos (PRI, PAN y PRD), y también el gobierno, de que solos no pueden sacar adelante ninguna iniciativa de ley que posibilite hacer los cambios que el país requiere y de la aceptación de que eso requiere del acuerdo. 

Los partidos y el gobierno hicieron el cálculo político de qué les significaba participar o no en un diálogo que derivara en un pacto y luego tuvieron que valorar lo que representaba firmarlo o no. Todos, finalmente, decidieron añadirse.

Quienes lo firmaron corren riesgos, pero tienen mucho que ganar. El que más es el gobierno, que puede sacar adelante reformas que resultan claves, para que el país resuelva problemas que arrastra desde hace años, precisamente por la imposibilidad de que las fuerzas políticas llegaran a un acuerdo.

El gobierno ha visto ya cómo han pasado la reforma educativa y la que da más atribuciones al IFAI, para mencionar algunas.

El gobierno gana también porque genera la percepción de que es un buen negociador y alguien que sabe hacer política. Se crea también la imagen de que dialoga con la oposición.

Gana el PRD, que evita la lógica bipartidista del PRI-PAN, y logra incorporar a la agenda temas sustantivos de su propia agenda. Su inclusión al pacto los distancia de la imagen de un partido rijoso y genera la percepción de que tiene propuestas y sabe negociar. López Obrador, al abandonar al PRD, se lleva consigo buena parte de los negativos del partido.

El PAN también gana. Después de 12 años en la Presidencia de la República y de la derrota en la última elección, que lo coloca como la tercera fuerza, no tenía más posibilidad que muy rápido superar su pérdida y convertirse en una oposición responsable. Estar en el Pacto le permite participar de la discusión y hacer valer la fuerza que ahora tiene.

En este momento, para los partidos y el gobierno, abandonar el Pacto trae consigo costos muy altos en términos de eficacia política y también de imagen. Si se rompe, el gobierno es quien más pierde. Así, el PAN y el PRD le podrían bloquear cualquier iniciativa de ley en el Senado.

Perdería también la aureola de alguien que sabe negociar y hacer política.

El PRD pierde si se queda al margen de las decisiones y se articula una alianza PRI-PAN, que lo haría a un lado. Volvería la imagen de partido rijoso y le sería más difícil proponerse como una alternativa de izquierda distinta a la del nacionalismo revolucionario , de cuño priísta, que enarbola Morena, de López Obrador.

La pérdida para el PAN también sería evidente al reducirse su espacio de maniobra en su relación con el PRI, que ahora se fortalece en su alianza con el PRD, y quedaría a merced, en buena medida, de la agenda que le marcara el PRI.

El Pacto no es un remedio milagroso a los problemas del país, pero sí es un instrumento, que abona en la solución de los mismos.

Twitter: @RubenAguilar