Después de un rally prácticamente ininterrumpido que inició desde principios de agosto del 2010, el precio del oro registró dos semanas consecutivas de ajuste a la baja. Después de alcanzar un nuevo máximo histórico de casi 1,550 dólares por onza, el precio del oro se ha ajustado casi 5% para llegar a 1,490 dólares por onza.

Aunque la apreciación del oro se ha acelerado durante los últimos nueve meses, este fenómeno se ha venido dando de manera consistente durante la última década y de manera más pronunciada en el último lustro.

En los últimos 10 años, el oro se ha apreciado aproximadamente 400%, lo cual se compara de manera muy favorable con el comportamiento de otras clases de activos durante el mismo periodo.

El incremento en el valor del oro durante los últimos 10 años se puede explicar por una disminución paulatina en su oferta desde el 2001, pero sobre todo por un aumento muy significativo en su demanda. No obstante que el incremento en el precio del oro llevará a la explotación de nuevas minas, el impacto sobre la oferta es nulo en el corto plazo, ya que pueden pasar de siete a 10 años entre el descubrimiento de un yacimiento y la etapa de extracción en una mina.

La creciente demanda viene de parte de inversionistas institucionales e inversionistas individuales, pero sobre todo de compras físicas por parte de bancos centrales, principalmente asiáticos, que vienen acumulando una gran cantidad de reservas internacionales.

La decisión de sustituir reservas denominadas en dólares, euros, yenes, libras esterlinas o francos suizos -que típicamente han funcionado como monedas de reserva- por oro, es una estrategia defensiva y una señal de pérdida de confianza en las monedas de esos países como de reserva.

Esta estrategia defensiva es consecuencia de lo que está sucediendo con las finanzas públicas y las políticas monetarias de los países desarrollados, cuyas divisas fungen como monedas de reserva. En casi todos los casos estos países han experimentado una explosión en los niveles de déficit público con su consecuente aumento en los niveles de endeudamiento para fondear dichos déficit. Asimismo, la mayoría de los bancos centrales del mundo desarrollado han llevado sus políticas monetarias al límite, reduciendo las tasas de interés a niveles cercanos a cero e inyectando grandes cantidades de liquidez a sus economías con el objetivo de reactivar el crecimiento económico y combatir la deflación.

Esta combinación de factores ha llevado a la depreciación del dólar y el euro, las principales monedas de reserva, frente a las de los principales mercados emergentes y otros no tanto como Canadá. Esta depreciación del dólar y el euro ha hecho perder competitividad a las monedas de varios mercados emergentes, afectando de manera negativa a sus sectores exportadores. Esta situación ha llevado a algunos bancos centrales de países emergentes exportadores a intervenir en los mercados cambiarios para evitar una mayor apreciación de sus monedas.

La combinación de estos factores ha hecho que el oro deje de ser un simple commodity para convertirse de nuevo en moneda de reserva. Este fenómeno se ha acentuado durante los últimos meses. De acuerdo con datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), la participación del dólar como principal moneda de reserva de los bancos centrales a nivel global ha disminuido de niveles cercanos a 75% del total de las reservas internacionales a 64 por ciento. En el caso de los bancos centrales de mercados emergentes, donde se concentra la principal acumulación de reservas internacionales, la pérdida de participación del dólar es aún mayor.

Durante buena parte de la década anterior, la caída de la participación del dólar como moneda de reserva fue compensada por un mayor uso del euro como divisa de reserva. Sin embargo, la situación actual ha llevado a los bancos centrales a aumentar su demanda de otros activos, principalmente el oro como nueva moneda de reserva.

A pesar de la fuerte apreciación en los últimos meses, el precio del oro está aún muy lejos del máximo histórico ajustado por la inflación alcanzado en 1980 que se sitúa aproximadamente en $2,300 dólares por onza. Esto contrasta de manera interesante con el resto de los commodities, que en su mayoría han tocado sus niveles máximos ajustados por inflación en los últimos años. Aunque es posible que el ajuste en el precio del oro se prolongue unos meses, el escenario actual de incertidumbre en el rumbo de las políticas fiscales y monetarias de las principales economías sigue siendo propicio para que el precio del oro mantenga una tendencia a la alza en el mediano plazo.