El preciado metal es ya moneda de reserva

A principios de este año publicamos una edición de Sin Fronteras titulada 2012: el año del oro , en la cual argumentábamos que la caída en el precio del oro observada entre septiembre del 2011 y enero de este año parecía únicamente un respiro temporal en la tendencia alcista del metal precioso observada desde hace varios años.

En enero de este año, el oro llegó a cotizar en 1,540 dólares por onza, su nivel más bajo desde julio del 2011, 19% debajo de su máximo histórico de septiembre del 2011, aunque aún considerablemente por arriba de los 1,350 dólares por onza observados en enero del 2011. El precio del oro tuvo un fuerte rebote a casi 1,800 dólares a finales de febrero de este año, pero después tuvo una nueva recaída a niveles similares a los mínimos de enero.

Sin embargo, a partir de mediados de agosto que el mercado comenzó a descontar la posibilidad de nuevas rondas de estímulos monetarios por parte de la Reserva Federal (Fed) y el Banco Central Europeo (BCE), el oro ha experimentado una recuperación muy importante. Dicha recuperación ha tenido una aceleración importante en septiembre con la decisión oficial de la Fed y el BCE de actuar como proveedores ilimitados de liquidez durante un tiempo indefinido.

Al igual que todos los bienes y servicios, el precio del oro está determinado por la oferta y la demanda. Por el lado de la oferta, es claro que ésta es principalmente determinada por el nivel de explotación de las minas de oro en operación actualmente y el nivel de actividad en la exploración de nuevos yacimientos.

La realidad de los últimos 10 años es una disminución paulatina de la oferta de oro. No obstante que el incremento en el precio del oro ha llevado a la explotación de nuevas minas, el impacto sobre la oferta es muy limitado en el corto plazo, ya que normalmente pasan entre siete y 10 años entre el descubrimiento de un yacimiento y la etapa de producción en una mina.

Por el lado de la demanda, hay diversos factores que no siempre juegan igual. Normalmente, el precio del oro se mueve en dirección inversa a los mercados accionarios al ser percibido como un activo refugio en momentos en los que crece la aversión al riesgo. Sin embargo, en los últimos meses, el precio del oro se ha movido en el mismo sentido que los mercados accionarios: en línea con una disminución importante en los niveles de aversión al riesgo.

Esto se debe a una combinación de factores que podrían perdurar durante un periodo extendido. El oro ha sido tradicionalmente un refugio ante la expectativa de mayor inflación. Por ejemplo, entre 1978 y 1980, el precio del oro subió de 135 a 860 dólares por onza en medio de una ola de pánico provocada por presiones inflacionarias (la inflación alcanzó 1.5% mensual en EU).

Conforme la inflación fue bajando y el pánico se fue disipando, el precio del oro comenzó a descender, empezando un periodo de casi 20 años de depreciación que culminó en 1999 con un precio de 250 dólares por onza. Aunque el debate sobre el impacto real de las inyecciones de liquidez en la inflación futura sigue abierta, la percepción generalizada es que la acción de los bancos centrales provocará un incremento importante en las presiones inflacionarias futuras.

Adicionalmente, el incremento en la demanda de oro es una medida defensiva ante el deterioro de las finanzas públicas de los países desarrollados cuyas monedas fungen como monedas de reserva.

La creciente demanda de oro viene por parte de inversionistas institucionales e inversionistas individuales, pero sobre todo de compras físicas por parte de bancos centrales, principalmente, asiáticos que vienen acumulando una gran cantidad de reservas internacionales.

La decisión de sustituir reservas denominadas en dólares, euros, yenes, libras esterlinas o francos suizos –que típicamente han funcionado como monedas de reserva– por oro es una señal de pérdida de confianza en las monedas de esos países como monedas de reserva.La combinación de estos factores ha hecho que el oro deje de ser un simple commodity para convertirse de nuevo en moneda de reserva. Para la mayoría de los observadores, la tendencia alcista de este metal precioso está bien soportada por sus fundamentos. El rango alto de las expectativas de precio para los próximos meses se encuentra ya cerca del máximo histórico ajustado por inflación alcanzado en 1980, que se sitúa aproximadamente en 2,300 dólares por onza. Esto contrasta de manera interesante con el resto de los commodities, que en su mayoría han tocado sus niveles máximos ajustados por inflación en los últimos años.

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